jueves, 30 de marzo de 2017

SÉ TU PROPIO AMADO


El mes de febrero, y el Día de San Valentín en particular, es un tiempo para celebrar el romance y el amor.

¿Por qué, cuando el Amor es nuestro derecho de nacimiento, la mayoría de nosotros vivimos nuestras vidas separados de su presencia sanadora?

Es porque hemos estado condicionados a buscar el Amor fuera de nosotros mismos, lo que lleva inevitablemente a una búsqueda a menudo interminable, y sobre todo insatisfactoria, de alguien que nos ame.

Sí, podemos disfrutar de amar y ser amados por otras personas, pero ese tipo de amor viene y va.

¿Qué pasaría si reconocieras que el Amor que verdaderamente deseas está siempre contigo, aquí mismo, ahora mismo, en ti?

¿Qué pasaría si te dieras cuenta de que el Amor no es algo que necesitas encontrar sino activar?

Durante eones, muchísimas personas que han accedido a grandes expansiones de consciencia a través de una experiencia cercana a la muerte, o meditación profunda o incluso un gran trauma, dicen que experimentaron el Amor irradiado hacia todo. La ciencia lo confirma. Ahora se sabe que todo - árboles, aire, hormigón, nuestro cuerpo, la hierba, las estrellas, e incluso la suciedad, están hechos de átomos preñados de luz.

Eben Alexander, neurocirujano y autor del best seller, Prueba del Cielo, escribió sobre lo que sucedió mientras estaba en un coma de siete días por una meningitis espinal. Cuando se le preguntó cuál era el núcleo de lo que experimentó mientras estaba fuera de su cuerpo, dijo:

"El amor es, sin duda, la base de todo".

De hecho, cada célula de nuestro ser está llena de Amor, y cuanto más nos abrimos a la verdad del Amor, ¡más radiantes nos sentimos!

Al aprender a vivir desde nuestro corazón, nos volvemos tan iluminados como el sol, dando la  energía del Amor no sólo a nosotros mismos, lo que es esencial, sino a cada ser que encontremos a lo largo del día.

Pero reconozcamos que para hacerlo tenemos que amarnos y aceptar nuestras sombras...

Hacer espacio en nuestros corazones para esas partes nuestras que ocultaríamos de buena gana…verlas con comprensión, dejar que nos toquen, en lugar de caer en ellas, y si caemos, bien va…ya lo lograremos en otra vuelta de espiral...

Acallar el crítico interior que nos acusa constantemente robándonos la paz de nuestra inocencia espiritual...

Aceptar que podemos sentir ira, irritación, duda, confusión, celos, envidia, tristeza, miedo, depresión, o lo que sea, sin dejar de ser valiosas piezas del rompecabezas divino.

¿Qué pasaría si viendo la naturaleza compulsiva de nuestra mente - ya sea acerca de sexo, comida, alcohol, trabajo, obsesiones, o la lucha misma contra algunos pensamientos - en lugar de declararles la guerra los consideramos desde el corazón como aprendizaje, procesos que no nos impiden amarnos?

¡La aceptación es magia!

Así que los invito a convertirse en su propio Valentín…en su propio “Amado”…ese amado al que todos los espiritualistas se refieren cuando tratan de guiarnos al Ser Esencial.

Luego de lograr acceder a ese Amor esencial, podemos sí irradiarlo a Todo.

En lugar de correr desenfrenadamente a comprar regalos, enviar tarjetas o saludos…trascendamos esa etapa infantil del Amor y re-descubrámoslo en nuestro centro, hacia afuera…cada vez que recordemos su verdadera esencia incondicional.

Puedes darte el gusto de hacer lo que desees...aún seguir el juego de las tarjetas, mensajes, corazones y regalos...que eso tampoco te impida AMARTE...con todas las letras...y respeta, sobre todo, el modo en que los "otros-yo" se expresan en éstos días.

Con Amor.

Tahíta

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