jueves, 23 de marzo de 2017

Nuestros Guardianes


 

Los desafíos son parte de la vida.

Si nos resistimos a ellos, nos creamos sufrimiento

Pero si nos abrimos, ellos se abren ante nosotros mostrándonos su tesoro. No es casualidad que todos los tesoros de nuestros grandes mitos están ocultos en los lugares de difícil acceso.

Los tesoros más valiosos están escondidos y llegar hasta ellos no es al camino fácil de quien vive superficialmente, sino del que  atravesando sus miedos , se enfrenta a su sombra…en donde sabe que están los tesoros del conocimiento de sí mismo, de la sanación, de la unicidad.

Wendell  Berry lo expresó más o menos así en uno de sus poemas:

 

Andar en la oscuridad con una luz es conocer la luz.

Para conocer la oscuridad: camina en la oscuridad…anda sin ver.

Y encuentra que la oscuridad, también florece y canta,

Y que es recorrida con pies oscuros y alas oscuras.

 

Para conocer la luz, hay que animarse a recorrer la sombra, que florece y canta pues nos devela aquello oculto que tiene que mostrarse para abrazarse, amarse e integrarse…SIN MIEDO O CON ÉL.Y maravillosamente nos da a entender que hasta las criaturas más angélicas la transitan…no solo pies oscuros, sino alas oscuras.

Una herramienta muy práctica cuando nos enfrentamos a las tormentas que se mueven a través de nosotros o  alrededor nuestro en forma de retos, es ponerle un nombre a nuestra experiencia. De esa manera, elegimos relacionarnos con lo que sea que aparezca, en lugar de perdernos en ello, de darle el poder de invadirnos y tomar el control.

Por ejemplo, podríamos denominar a una experiencia "depresión”... diciendo "percibo que la depresión está aquí." En lugar de "estoy deprimido." Pero me resulta más eficaz darle un nombre diferente... la palabra "depresión" tiene tanto cargado, que de por sí agobia más…por lo tanto es una oportunidad única comenzar a darle a esos estados que ocultan de nuestra verdadera percepción lo que hemos cubierto, en cualquier tiempo y lugar, otro nombre. Y si entendimos que este estado no consciente nos mantiene distraídos de lo que estamos viviendo en verdad, aquello que ahora aceptamos experimentar, podríamos llamarlo de otra forma. Yo he elegido llamarlo "el guardián." A medida que reconozcamos a este guardián y lleguemos a conocerlo... comenzaremos a notar las sensaciones físicas que vienen con él sin huir, pues al observarlo sin permitirnos escapar…su función de guardián, o de cuidador, o como decidan llamarlo, cambiará y nos abrirá las puertas para que enfrentemos aquello  que custodiaba.

El Guardián, como lo llamo, es útil hasta que tenemos el valor y la fuerza suficiente como para pasar a mayores y atrevernos,  aún vulnerables, a conocer lo que escondía para sanarlo. Es un acto de libre albedrío reconocerlo, hacerlo consciente y hacernos cargo de lo que custodiaba. No siempre lo que escondimos se presentará a la mente…lo importante es PERMANECER Y SENTIR lo que sea, para que solo se diluya por poder de nuestra presencia consciente. En éstos tiempos, ni siquiera tenemos que revivir hechos traumáticos como en el psicoanálisis…por gracia, y debido a la llegada de tantos cambios energéticos, el abrirnos y poner la intención de hacernos cargo, comienza el proceso de sanación.

Es una sanación muy sutil. No importa si nuestros cuerpos y mentes no muestran una condición sana inmediatamente…siglos lineales de percepciones erróneas no se pueden quitar de un plumazo. (En realidad sí se puede...fuera de la linea del tiempo) Pero estén seguros que uno a uno, cada estado “guardián” cede permitiéndonos más liberación.

Cuando percibo que un estado desequilibrante o perturbador  acecha mi mente u emociones…o aun habiendo ya caído en su campo energético…trato de reunir fuerza y con coherencia (cuerpos unificados en el presente) pregunto:

“¿Qué ocultas? Aquí estoy…ABRE”

Es como en el cuento…cuarenta ladrones ( o más) en forma de estados alterados o al menos que no reconocemos como  esenciales, nos han escondido un tesoro…y no es coherente  tratar de luchar contra cada uno de ellos, cuando tenemos un estado intencional y de Presencia consciente que con un “ÁBRETE”…comienza el proceso.

Soy paciente conmigo misma. Soy paciente con el guardián que disfrazado de pensamiento o emoción compulsiva me sale al paso. Soy paciente sabiendo que lo he creado y he creado aquello que oculta.

La Vida determina siempre el momento justo de  cada pequeña liberación…mas le hago saber que estoy intencionalmente abierta y lista para el “ABRE”.

 

En Unidad.

Tahíta

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