jueves, 23 de marzo de 2017

De la resistencia a la observación compasiva


Hace mucho tiempo, cuando era discípula recién iniciada de un Maestro con el que aún me contacto, en una época de crisis solía aparecerse en mis visiones diciéndome: “¡Endure!”…que significa en inglés, su lengua en ésta encarnación: “¡Resiste!”

Siempre interpreté esa palabra con uno de sus significados: soporta, aguanta sin decaer.

Sin embargo la palabra “resistir” tiene otra acepción que es menos recomendable, que es “rechazar con fuerza, oponerse con fuerza a algo”…y hubiera sido muy pernicioso haberla interpretado así, ya que eso puede destrozarte en medio de una noche oscura del alma.

Observen que se emplea mal desde ésta segunda acepción. Según la raíz etimológica es…

Re: volver a…

Sistere: detenerse, plantarse firme.

En ningún momento da la idea de “lucha” sino  todo lo contrario: detenerse  de nuevo; volver a detenerse o afirmarse para no caer, lo que se puede hacer centrándonos, enfrentando lo que llega, pero sin lucha.

Incluso, saben que heredo de una sabia maestra la costumbre de “jugar” con las palabras para descifrarlas en mensajes subjetivo. Así…”re-sistir” puede convertirse en un “re-asistir”. Cuando en la escuela nos tomaban asistencia, contestábamos “Presente” ya que tomar asistencia significaba cerciorarse de quién estaba presente.

Cuando pensemos en la palabra resistencia…podemos usarla internamente como un volver al presente, un detenernos y centrarnos para no desequilibrarnos, y olvidarnos de sus connotaciones de lucha u oposición.

Cuando en un texto sea usada con el criterio de oponernos enérgicamente, podemos soltarla.

Así, ante vientos externos u internos que nos azotan, centrarnos en el Espíritu y  soportar lo que viene confiando en nuestra resistencia es lo mejor, pero no luchar contra lo que enfrentamos…y noten que “enfrentar”, a lo que equivocadamente le damos la connotación de lucha, solo quiere decir “poner en frente”. Y ¿para qué querríamos solo ponerlo enfrente? Para observarlo conscientemente.

Y que ésta observación sea siempre compasiva (compasivo= “com-pasivo”…acompaño en presencia pero siendo pasivo en juicios)…o sea sin juzgarme ni juzgar…acompaño en ese drama interno. Solo acompaño. Eso como actitud interior.

Siempre tratamos de empujar el río, pero el río fluye solo. En lugar de estar siempre tratando de "hacer las cosas bien" podemos empezar a darnos cuenta de que estamos siendo despertados por la vida y la vida conoce el calendario de nuestra sanación, el calendario de cuándo decir "no" o decir "sí" y permanecer en conexión consciente con nosotros mismos. 

Podríamos resumirlo proponiéndonos algo así como:

"En este momento, en lugar de resistirme a la vida…elijo acompañarla. Elijo  ser observador, sin forzar el proceso.

Una bella cita de Pema Chodrón dice:

"Ante lo que surge, entrenémonos una y otra vez en mirarlo y verlo como lo que es sin ponerle nombres, sin arrojarle piedras, sin evitarlo. Que todas estas historias pasen. La esencia íntima de la mente es imparcial…surgen cosas y se disuelven. Es así como ES. "

 

Y así es como hallamos contentamiento y paz: dejando de forzar, solo dándonos  cuenta de lo que ES.

Amor a toda Vida.

Tahíta

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