viernes, 28 de junio de 2013

RECUERDA AL ANFITRIÓN - por Tahíta


Nada de lo que podemos pensar, sentir, imaginar o proyectar, SOMOS.

En realidad, somos lo que queda fuera de todo eso, fuera de cualquier estado, pensamiento o emoción que llegan como invitados, presentándose en la consciencia que como anfitrión los recibe, solo por un fragmento de tiempo lineal.

La presencia, la esencia, el ángel que somos, es la base, esa que no podemos desmentir ni negar…la que nunca desaparece, la que no puede ser quitada capa tras capa…el centro creador que se expande y abarca moradas y habitantes circunstanciales.

Los místicos Zen dicen : No te pierdas en la multitud de los invitados.

Se presenta el dolor, y se marcha…luego llega la felicidad por un tiempo, y viaja a otro estado de consciencia…y el miedo, y la paz…todo va y viene como huésped…LO QUE PERMANECE ES LO QUE SOMOS.

Solo que hemos llegado a identificarnos con esos invitados, y por atenderlos, volcamos la atención en ellos y nos olvidamos del verdadero anfitrión, el que tiene la llave de acceso a la morada.

Mulla Nasruddin daba una fiesta para amigos y extraños. La fiesta era enormemente aburrida, y a media noche todavía no se había terminado. Entonces un extraño que no sabía que Mulla es el anfitrión le dice, "No he estado nunca en una fiesta así, tan absurda. Parece que no vaya a acabar nunca, y estoy tan aburrido que creo que me voy a marchar."

Mulla le contesta, " Te iba a decir exactamente lo mismo. Yo tampoco he estado nunca en una fiesta tan aburrida y absurda. También estaba pensando en marcharme, pero no me atrevía. No tengo tanto valor como tú". Y los dos se van juntos.

Entonces, en la calle Mulla se acuerda y dice: “Aquí hay algo que no funciona, acabo de recordarlo: ¡yo soy el anfitrión! Así que perdóname pero, tengo que regresar”.

Esto nos está pasando a todos: el anfitrión se pierde, el anfitrión es olvidado a cada momento. ¿Podemos reconocerlo, y tratar de volver a sentirnos, volver a tomar el control de la casa, estar PRESENTES para no olvidarnos más de quien es el director de nuestra vida?

El anfitrión somos nosotros, contemplando. El dolor viene y el placer le sigue, después la felicidad, la miseria, la enfermedad, la salud resplandeciente. Y sea como sea que lleguen o el lapso de tiempo en que habiten nuestra consciencia, nos identificamos con ellos, les dejamos tomar posesión de nuestro espacio, y nos convertimos en un invitado más.

Recordemos al anfitrión. El anfitrión es el único que permanece siempre, eternamente.

Todo lo que es pasajero, es solo un huésped, un invitado, o un intruso que llega, no sin una enseñanza, pues todo es como tiene que ser, mas…

RECORDEMOS AL ANFITRIÓN QUE ES, QUE SOMOS.

Como habrán percibido, hay muchas clases de invitados…algunos con los que querríamos convivir permanentemente, y otros, dolorosos, a los que desearíamos despedir en la puerta misma…porque el acuerdo del alma los ha traído sin consentimiento del ego.Aceptémoslos, si así lo sentimos, mas nunca olvidemos al anfitrión.

RECUÉRDATE.

Céntrate en el anfitrión.

Si lo logramos, podemos dejar de identificarnos con los huéspedes, podemos separar lo que es REAL de lo transitorio, y creamos un puente que nos hace permanecer como co-creadores de la situación, y a la vez, como observadores de lo que llega.

No es que estemos fragmentados, sino que estamos conscientes de lo que no es LO QUE SOMOS y lo vemos en perspectiva, sin que nos dañe tan rotundamente. Podemos permanecer con los invitados, pero no confundirnos…podemos interactuar hasta que sea necesario, teniendo el poder del anfitrión.

Algo mágico se produce entonce:no necesitamos escapar del invitado. Podemos vivenciar esa etapa en la que está…despedirlo en paz cuando se marche, y seguir siendo el anfitrión.

RECORDEMOS AL AFITRIÓN, QUE ES PRESENCIA ETERNA EN EL AQUÍ Y AHORA…SIEMPRE

MI CORAZÓN LES SIGUE ABRAZANDO!

SANANDO UN CORAZÓN ROTO


En realidad, el verdadero corazón, el corazón energético-espiritual, no necesita ser sanado, porque no puede ser herido.


Permanece en paz, siempre. Es Paz.

Cuando nos referimos a un "corazón roto", estamos hablando de una sensación en el cuerpo físico o el cuerpo de dolor, que es causada por ciertos pensamientos - por ejemplo, que nuestra pareja no nos ama más, o que creemos que un amigo nos traicionó, etc. En realidad, es el ego el que está herido, no el corazón.

Pensamientos como estos, y los sentimientos que provocan, son muy dolorosos, por lo que solemos usarlos para construir una armadura de protección. Esta armadura es como un muro que ponemos alrededor de nuestros corazones.

Cerramos nuestros corazones en la creencia errónea de que el corazón es el problema. No lo es.

Nuestras expectativas son el problema. Nuestras ideas, a las que nos aferramos, sobre cómo deberían ser las cosas - ese es el problema. Tuvimos una ilusión, ella pasó a ser des-ilusión (lo que muy bueno para nuestra evolución)…y nuestro ego no quiere aceptar el hecho de que la ilusión haya acabado. No quiere enfrentarse a la realidad. ¿Han notado cómo la mente alimenta las heridas con la repetición sin fin de la historia sobre lo que nos pasó? Igual que la lengua constantemente vuelve al hueco dejado por un diente o muela que nos extrajeron. Simplemente volvemos una y otra vez.

Es por eso que es muy difícil dejar totalmente a las personas que creemos nos han "herido". Nos volvemos a ilusionar pensando que el amor, de alguna manera milagrosa se reavivará, que el otro va a ver la luz y volverá a nosotros, o por el contrario, sentimos odio y deseos de venganza. Podemos pensar que los hemos cortado de nuestras vidas, pero cada vez que los vemos o escuchamos acerca de ellos, surge una reacción emocional. Y a pesar de nuestros mejores esfuerzos, ocupan nuestros pensamientos cuando nos sentimos vulnerables o solos.

Ya sea que estamos a la espera de que vuelvan o les cortemos el paso, de cualquier manera, estamos agobiados - no somos libres de buscar otro amor, o de confiar de nuevo en otra persona. Hemos colocado una especie de muro alrededor de nuestro corazón.

La esperanza es una cosa terrible ...lo he dicho muchas veces. Nos la han puesto como única cosa posible cuando ya nada parece funcionar…tal vez por eso es peor aún. O actúas, o aceptas, pero no pases tu vida esperando. Esperar hace que no estemos abiertos a lo nuevo, sino atados a la espera, y desperdiciamos el amor…todo ello, además de echar por tierra con nuestra auto estima.

Quien se ama, no puede estar esperando nada ni a nadie indefinidamente…tiene que SER…aquí y ahora, libre.

Duele encerrarnos en nuestros corazones, que es lo que hacemos cuando nos bloqueamos .

La única manera de realmente dejar ir a alguien, y así tener la libertad de seguir adelante con nuestras vidas, es llenarnos de GRATITUD por lo que nos dió. O, al menos, realizar una sincera apreciación de sus buenas cualidades, en lugar de insistir en el daño que creemos nos ha hecho. Por algo le abrimos las puertas a nuestra vida…por lo bueno y luminoso que vimos en ese ser. Además…si siempre recalco en el daño que “aparentemente” nos hicieron ,es porque nadie nos hace nada, sino que solo actúan según su estado de consciencia, lo demás, lo hacemos nosotros.

Esto de sentir gratitud o reconocimiento no es nada fácil para la mente, el ego, que preferiría permanecer en la culpa y la queja.

Pero no es difícil para el corazón, para el corazón energético-espiritual, centro esencial del ser encarnado, no el corazoncito roto que es meramente parte del ego, cuyo portavoz es el cuerpo de dolor.

El corazón tiene la capacidad de ver lo positivo, incluso en alguien en quien la mente sólo puede ver a un monstruo.

Esto se debe a que el corazón no compara y no tiene ideales. No tiene sueños o esperanzas. Simplemente ve a la realidad actual, del momento presente, sin juzgar. Juzgar es una cualidad de la mente, no del corazón, ya que requiere la comparación.

Debido a que el corazón no está involucrado en las historias ni vericuetos de la mente, puede ver más claramente.

Puede ver que la otra persona ha estado actuando de manera inconsciente, a pesar de que puede no ser consciente de ello. Por sus propias razones inconscientes, no fue capaz de darnos lo que queríamos. A diferencia de la mente o ego, el corazón no lo toma como algo personal. Entiende que esa persona tiene sus propios problemas, su propia vulnerabilidad y sus propios límites, que hacen que se comporten como lo hace. Y eso no tiene nada que ver con nosotros. Su comportamiento es su manera de encubrir sus propias heridas, miedos y necesidades. Con ese entendimiento, surge la compasión. Y con esa compasión, finalmente podemos dejar ir a esa persona y encontrar la paz dentro de nosotros.

Se necesita gran valor para pasar de la mente al corazón y a este punto de vista, pero si estamos ya hartos de sentir esos muros alrededor de nuestro corazón, y realmente queremos sentir que fluye libremente de nuevo...HAGAMOS EL INTENTO!

Intento proviene de Intención…y el poder de la intención es inmenso.

Esto no es una cuestión de perdón. Si la otra persona te ha tratado mal, es su responsabilidad. Este proceso es algo sólo para nosotros…es el que nos permite dejar de lado esta situación dolorosa y seguir adelante con nuestra vida, sintiéndonos más ligeros, sin carga.

El proceso no es sólo para la curación de heridas acerca de una relación de pareja, sino para cualquier persona a la que juzgamos o por la cual sentimos rencor. Puede ser alguien vivo o muerto, alguien presente en nuestra vida o del pasado, alguien de nuestra familia, de nuestro trabajo, etc. No importa.

Durante el tiempo que cargamos ese rencor hacia alguien, la energía de esa persona nos acompaña de una manera inquietante…le damos poder sobre nosotros. No somos libres. Son lazos sin resolver o cortar.

El proceso, requiere solo COMPASIÓN.

La gratitud nos lleva de la mano hacia la COMPASIÓN, verdadera herramienta de éste proceso, que limpia nuestras vidas, y nos libera de cargas emocionales y mentales.

MI CORAZÓN LES SIGUE ABRAZANDO!

Tahíta

¿QUÉ HACEMOS CON ESAS EMOCIONES?


Sí, esas emociones… las que parecen venir de la nada y nos arrastran vez otras vez, como si estuviéramos por ellas poseídos. Esas que nos hacen hacer o decir cosas que sabemos que vamos a lamentar, y sin embargo, no podemos frenar.

¿Qué podemos hacer con esas emociones? Reflexionemos juntos sobre algunos puntos.

Primero: las emociones son neutrales, no son buenas ni malas. Es la mente la que las juzga, es la mente la que decide que algunas están bien y otras no. Es nuestra mente la que nos hace sentir culpables o mal por tener ciertas emociones, y conformes por experimentar otras. Así que no hay necesidad de rechazarlas, suprimirlas o sentir vergüenza por ellas.

Segundo: las emociones son simplemente expresiones diferentes de energía. Al igual que a veces el clima está tormentoso, y a veces calmo. A veces está oscuro y lluvioso, otras, luminoso y soleado. Así es la vida. Como es adentro es afuera, y viceversa. Podemos quejarnos y decir que no deseamos que esté lluvioso, que queremos que esté soleado, pero… ¿podemos cambiar eso? Sólo nos hace sentir impotentes, eso es todo. Y entonces, perdemos la alegría que una hermosa lluvia podría inspirarnos y los maravillosos misterios que la oscuridad devela. Desperdiciamos tesoros, empobrecemos nuestra vida con expectativas e ideas de “cómo debería ser”, tal o cual cosa.

Lo mismo sucede con las emociones - no son más que la energía, unas veces tormentosa, y otras, soleada. Y como toda forma de energía, siempre están cambiando y moviéndose.

Tercero: las emociones no son perjudiciales, a menos que nos identifiquemos con ellas. Y la identificación pasa por la mente. Por ejemplo, cuando estamos tristes, la mente siempre tiene una razón - "Estoy triste porque mi pareja me ha dejado por otra/o”. Y entonces, nos ahogamos en la historia, en el drama que nuestra mente repite una y otra vez, encarcelándonos.

Ahora, puede ser un hecho que nuestra pareja haya encontrado otra persona que nos reemplace, y está bien si nos sentimos tristes. Esa es la realidad. Una vez que reconocemos la realidad, tenemos una opción. Podemos perdernos en la historia, las justificaciones - la mente nos acorralará con pensamientos acerca de que algo mal hay en nosotros, por lo cual haya preferido a la otra persona, o nos martillará: “¿cómo pudo hacerme esto?”, “¿cómo podré vivir sin él/ella?”, etc etc etc .Podemos rumiar esto durante días semanas o meses (todos sabemos muy bien cómo hacerlo).

Pero la atención plena en el presente, o la meditación, pueden ofrecernos otra alternativa. Cuando digo meditación digo…cualquier modo de dejar la mente fuera de escena, aunque sea mínimamente. Con la ayuda de la meditación, podemos separar la emoción de la historia que la mente ha creado a su alrededor. Ante el ataque de los pensamientos dramáticos, podemos reconocer: “Esta es la mente", y dejar que ella mastique el drama sin darle demasiada energía, como si fuera un perro viejo mascando un hueso también antiguo. Y podemos poner nuestra atención en profundidad, en la sensación física de la emoción misma.

El primer paso es reconocer que sí, efectivamente… “la tristeza está ahí”. Esto es una cosa muy diferente a decir "estoy triste". Y luego podemos permitir que la tristeza “esté allí”, como cualquier otra energía, sin juzgarla o tratar de rechazarla. Es, después de todo, una energía, y la energía es siempre neutral, cuando la mente no la califica.

No se trata de entregarnos a la emoción: la indulgencia significa estar atrapado en las razones de la mente, en una historia que nos cuenta como víctima. En cambio, esto se trata de explorar con un corazón abierto y sin prejuicios: ¿qué es la energía de la emoción llamada “tristeza”? ¿Cuál es la sensación física que me produce la misma?

Cuidado con las etiquetas peyorativas de la mente - por ejemplo, la mente puede clasificar la sensación como "pesada"”oscura”, lo que es un juicio. En su lugar, tratemos siempre de encontrar una palabra que no juzgue - por ejemplo, “profunda” o “aquietada” o “pasiva”. ¿Podemos seguir sintiendo lo que es la sensación de esta energía? ¿Cómo la sentimos en el cuerpo? Se trata de mover nuestra atención de la mente al cuerpo.

En realidad, tal vez podamos sentir que la tristeza tiene profundidad, e incluso dulzura. Hagamos nuestro propio descubrimiento. Todas las emociones tienen ciertas cualidades energéticas. Por ejemplo, la ira puede ser como un incendio abrasador. Con una energía así, yo he limpiado mi casa en un corto tiempo, en lugar de encerrarla en la mente o volcarla a otras personas…Es cierto!!!

Y la magia es, que si realmente podemos permitir que todas las diferentes energías “estén allí “cada vez que lleguen a nuestra vida, nunca sin un propósito, provocadas por una situación u otra, entonces no somos ya su esclavo, sino su testigo. Podemos verlas ir y venir, incluso disfrutarlas y utilizar esas diferentes energías de una manera creativa, y enriquecernos con ello.

Permitámosles estar allí cuando están allí, y no tratemos de desecharlas o encubrirlas…pues aceptarlas es el primer paso para que vayan siendo transformadas y maduren con nosotros. En un momento podemos estar llorando y al rato estamos riendo…eso es porque las emociones son versátiles, están continuamente cambiando….entonces….no dejemos que la mente nos haga prisioneros de estados que cambian, maduran y se renuevan si los dejamos jugar su juego sin entrar en el drama…sino solo observando el aprendizaje al que nos invitan.

Para que quede claro …usar nuestras emociones de una manera creativa no significa volcarlas sobre otra persona. La emoción estaba en nosotros…tal vez alguien hizo algo que la provocó, pero es nuestra reacción emocional, nuestra energía, no la de ellos. La ira, o lo que sea, ha surgido en nosotros, como reacción. El propietario de ella, (el que la siente) reconoce que surge de sí mismo, y asume la responsabilidad por ello. Entonces sí, podemos utilizar esta energía de manera creativa, correr, danzar, limpiar la casa, cantar, golpear almohadones, etc.

Si culpamos a alguien, estamos perdiendo el punto y negando nuestra propia energía, ni que hablar de que además estamos atrapados en una vieja rutina de la que no hayamos escapatoria, un círculo repetitivo impulsado por la mente. En su lugar, tratemos de decir a la otra persona, “Estoy sintiendo ira mí en este momento, y es mi ira, mi energía, así que tengo que ir a correr o bailar o dar un buen grito o golpear algunas almohadas”. O sentarnos solos y observarla. O todo lo anterior. Entonces podremos responder a la otra persona…no reaccionar.

Asumir la responsabilidad de que 'esta es mi reacción ", también nos da la oportunidad de ver qué idea o creencia en nuestra mente inconsciente está causado esta reacción, esta energía que surge. ¿Qué parte de nuestro ego se sintió herida, perdida, temerosa, insegura o culpable? ¿Qué vieja herida o miedo los otros, sin saberlo, desencadenan en nosotros? Puede ser una maravillosa puerta para descubrir otra capa inconsciente debajo de la que se esconde nuestro verdadero ser.

¿Resuena todo esto en ti?….Entonces a llevarlo a la práctica, que es el único modo de llegar a la maestría absoluta en la escuela del aquí y ahora.

MI CORAZÓN LES ABRAZA!

Tahíta

lunes, 3 de junio de 2013

PERDÓNATE!


¿Alguna vez has cometido un error y pensaste que eras tan malo que simplemente no podías perdonarte a tí mismo? Tan malo… que te hundiste en la depresión y no pudiste seguir adelante? ¿Por qué somos tan duros con nosotros mismos? Por qué no podemos perdonarnos por nuestros errores? ¿Cuánto tiempo nos castigamos antes de considerarnos dignos de perdón?

Hace poco contacté con una mujer amorosa, angustiada porque iba a tener que declararse en quiebra debido a un momento crítico en la marcha de sus negocios. Había dejado su trabajo un año antes, tomado todo el dinero que ella y su marido tenían ahorrado, y comenzó un negocio de elaboración y venta de joyas. Instaló una joyería hermosa, pero careciendo de visión para los negocios y experiencia para obtener suficientes ventas.

Después de un año de hundirse en deudas, tuvo que admitir la derrota y se preparaba para declararse en quiebra. El peso de la culpa era abrumador. Simplemente no podía perdonarse por "arruinar la situación financiera de su familia." Se había vuelto deprimida, retraída y triste, porque no podía soportar la vergüenza y la decepción que leía en el rostro de su esposo e hijos. Se sentía como un fracaso total y absoluto.

Quería saber qué podía hacer para corregir la situación. Tenía la esperanza de sus guías espirituales le daría un nuevo plan de negocios o una forma rápida de ganar dinero por lo que no tendría que declararse en quiebra. Pero eso no es lo que sus guías le ofrecieron. Le ofrecieron el don del auto-perdón.

Al principio, puede que no parezca un gran regalo, pero sabiendo cómo perdonarnos a nosotros mismos y cómo seguir adelante después de que una tragedia golpea a nuestra puerta, todo se reacomoda, de adentro hacia afuera, que es la forma en que lo espiritual promueve el cambio para ayudarnos. ¿Cómo lo hicieron? Creo que me utilizaron.

Me dijeron que le preguntara: "Si tu mejor amiga viniera a ti con este problema, ¿qué le dirías?"

"Oh, me gustaría decirle que no debería ser tan dura con ella misma, que todo el mundo comete errores. Le diría que como es ingeniosa e inteligente, puede recuperarse de este revés. Me gustaría decirle que no renuncie, sino que profundice, para tomar mejores decisiones, aprender de sus errores y seguir adelante. "

Entonces le dije: "¿Y por qué no puedes decirte esto a ti misma? ¿Por qué no lo aplicas en tu caso? "

Ella se quedó atónita por un momento, sin habla. Luego dijo: "Pero yo no merezco ser perdonada."

Así que le dije: "¿Cómo es que tu amiga se merece el perdón, pero no tú?"

Ella no respondió.

"Perdonarte a tí misma no significa que te librarás de las consecuencias de tus acciones. Sí, habrá consecuencias, pero esas consecuencias no tienen que incluir sensación de culpa, vergüenza y depresión. La culpa, la vergüenza y la depresión no te van a dar nuevos recursos ni te van a hacer más fuerte .De hecho, te debilitan y hacen más difícil que te recuperes. Te debes a ti y a tu familia, mantener tu vibración alta para encontrar la salida de esta situación de la mejor manera posible”

Respondió: "Sí, supongo que sí les debo eso. Pero si me perdono a mí misma y quedamos todos felices otra vez ¿No pensrán que no estoy tomando en serio mi fracaso? "

"¿Crees que tu familia quiere que te sientes en un rincón a llorar y culparte? ¿O crees que preferiría que encontraras los recursos y que trabajaras todos los días para mejorar la situación? Ellos saben que lo sientes. "

Comenzó a llorar. "Yo soy la que se siente malísima. No puedo creer que haya hecho ese daño a mi familia ".

"No le has hecho daño. Estás desilusionada de ti misma y estás decepcionada del resultado de tus acciones. Pero nada es permanente. No importa si te caes. Todo el mundo cae. Sólo importa la rapidez con que te recuperas y continuar la carrera. Tu familia cuenta contigo. ¿Qué es lo mejor que puedes hacer para ayudarles en este momento? "

"Yo podría conseguir un trabajo."

"Y lo harás, pero lo primero que tienes que hacer es perdonarte a ti misma. Date la misma compasión y comprensión que le darías uno de tus hijos si tomaran una decisión equivocada. Quieres que tus hijos aprendan de sus errores ¿no? "

"Por supuesto. Quiero que sepan que nunca deben darse por vencido. No quiero que terminen deprimidos, llorando en un rincón ".

"Bueno… enséñales a caer y volver a levantarse. Tienes la oportunidad de ser un modelo para ellos acerca de lo que el verdadero éxito es , que estás aprendiendo cómo recuperarte después de un revés. Únanse como familia, lleguen a un plan sólido para recuperarse, un plan de trabajo, y sigan adelante. Ser feliz y crear recursos después de un revés no significa que estés negando la responsabilidad de lo que hiciste. Sólo significa que estás reconociendo la situación y te comprometes a hacer algo para mejorarla.

Al momento en que nuestra conversación terminó, se sentía mucho mejor que cuando nos contactamos. Adoptó una nueva creencia sobre su situación. En lugar de considerarse un fracaso, empezó a pensar en sí misma como un "éxito en potencia." Se comprometió a dedicar tiempo y energía en mejorar su situación en lugar de seguir castigándose. Finalmente aceptó el perdón de su familia y empezó a tratarse a sí misma en la forma en que trataría a los demás en la misma situación.

El secreto para perdonarse a sí mismo es tomar responsabilidad por nuestras acciones, pero no permitir que nuestra idea de fracaso nos abata. Cuando cometamos un error, aprendamos de él lo que vino a enseñarnos, y sigamos adelante. No nos rindamos…elevemos lo más posible nuestra vibración, y pidamos guía y ayuda si la necesitamos.

DÉMONOS EL PERDÓN QUE TAN AMOROSAMENTE DAMOS A LOS DEMÁS!

El perdón es el regalo que nos brindan para que aceptemos en humildad nuestra parte humana.

No siempre podemos evitar errar, pero siempre…SIEMPRE…podemos perdonarnos.

Tahíta