jueves, 5 de abril de 2018

Escuchando a las piedras


Las piedras comunes que vemos todos los días, las que arrojamos a los estanques y alineamos  bordeando nuestros jardines y caminos de entrada, se crean a partir de la misma energía viviente que nosotros.

Todo se crea a partir de esa energía viviente, que parece ser nada más que espacio vacío para nuestra percepción de mente pequeña. Y es que aun creemos que el vacío y la nada no contienen “nada”. Cuando en realidad  son el origen de todo lo manifestado temporalmente.

Los científicos más brillantes del mundo sugieren que si pudiéramos cavar hasta la esencia más pequeña del espacio que llena todo, descubriríamos cadenas de energía vibrante e imperceptible. Todas las cosas, en su núcleo, están hechas de estos pequeños hilos de “nada” incluso las piedras aparentemente sólidas.

Los maestros de sabiduría sugieren que la esencia de la vida también es una energía de la “nada”, que vibra a diferentes frecuencias o densidades. Dicen que incluso nuestros pensamientos son energía vibrante. Como las vibraciones tienden a resonar con vibraciones similares, lo que expresamos en el mundo se refleja en nosotros.

Es por eso que es  inspirador tener una relación consciente con los pensamientos de nuestra mente pensante.

Debido a que son tan densas, las piedras vibran a un ritmo mucho más lento que los pensamientos. 

Ellas nunca tienen prisa. Son tan antiguas como las entrañas mismas de la Tierra. Son los huesos de la tierra. Y tienen ideas para compartir con nosotros si podemos ralentizar nuestras mentes llenas de pensamientos lo suficiente como para escucharlas.

Hace tiempo que  escucho mensajes y señales del Campo al que llamamos Dios, o Espíritu…y los escucho no con voces audibles sino con imágenes, flashes, pensamientos y sensaciones. Y es que como SOMOS UNO con todo, todo refleja partes nuestras que  colaboran con el concientizar y la evolución. Solo tenemos que no distraernos con la mente, el ego y los asuntos mundanos y encontrarnos atentos y vigilantes para no pasar por alto ese tesoro.

Muchos de nosotros creemos que somos la generación más importante que jamás haya existido. Actuamos como si las generaciones futuras no importaran mucho…y desatendemos la sabiduría de las generaciones pasadas (hablando linealmente, claro). Engullimos todos los recursos y matamos especies tras especies, como si no fueran nada, solo globos de diferentes colores en un tablero de dardos de una feria, esperando ser explotados para que obtengmos un insignificante premio… ¿los han visto?

Fuimos enseñados a pensar y comportarnos de tal forma que olvidamos cómo escuchar el mensaje de las piedras.

Pero no es tarde para aprender una lección diferente dentro de la vorágine que nos suele rodear: reducir la velocidad y “escuchar".

Tengo una piedra de cuarzo lo suficientemente grande y pesada como para trabar la puerta de mi habitación cuando en verano el viento juega a cerrarla. Tengo otras  más pequeñas y redondeadas. Muchas veces sostengo una de ellas en mi regazo cuando medito. Me mantiene asentada, ancla mi mente normalmente rápida e inquieta al aquí y ahora.

 A pesar de estar hecha principalmente de espacio vacío, la piedra parece una cosa sólida. Y trato de alinear mi conciencia con su aparente solidez y quietud  para desacelerar mi mente y volverme más parecida a ella.

Una piedra tiene una energía consistente. Esta consistencia refleja la de la Tierra, es parte de su entraña. Y esto es lo que quiero sintonizar cuando medito con cualquier piedra: también somos la consistencia viviente de la TierraEs por eso que suelo acunar la piedra en mi regazo, para ayudarme a desacelerar mi mente y para ayudarme a recordar  la solidez protectora de la Tierra que anima mi sangre y me potencia.

Al ser los huesos de la Tierra, las piedras llevan la memoria más profunda dentro de su materialidad. Ellas son los testigos de la cronología de la Tierra, y lo han sido desde el principio. Son un puente hacia el conocimiento de la información energética guardada en las lineas de tiempo de la Tierra. Esta información sostiene toda la vida en equilibrio y gracia.

Cuando podamos reducir la velocidad de nuestras mentes, dando la bienvenida a un estado más meditativo, las piedras compartirán sus recuerdos intemporales con nosotros. Se abrirán esos registros planetarios  para recordarnos principios eternos.

Básicamente  dos:  todo es sagrado y todos estamos relacionados.

Al observar nuestro mundo moderno, es evidente que hemos olvidado los principios originales y cómo escuchar el mensaje de las piedras. No entendemos por qué estamos aquí. Y dentro de nuestro malentendido, hemos olvidado hasta cómo reír. Estamos demasiado ocupados, lanzando dardo a los globos sin pensar. Ya nada consideramos SAGRADO, por lo tanto podemos mancillarlo, y eso de “todos estamos relacionados” suele hasta ser causa de burlas.

Creemos que la Tierra es algo aparte de nosotros. Creemos que el tiempo de las máquinas, que se distingue de los sistemas vivos del planeta, es más real. Por eso pasamos más tiempo frente a la ilusión de una pantalla que en la naturaleza o en el tiempo no virtual.

Este malentendido es un cáncer en la vida. 

¿Cómo podemos estar separados de la energía que nos da a nosotros y al universo entero una existencia  vibracional?

“Nunca olviden la Tierra por las máquinas”, parecen enseñarnos las piedras.

Nuestros huesos están hechos de la misma sustancia que las piedras. Nuestros huesos también llevan el sello del conocimiento original. Y nos dicen que también somos sagrados y estamos relacionados con toda la vida de la manera más íntima. Y si aprendemos cómo reducir la velocidad de nuestras mentes y aflojar nuestro enganche mortal al tiempo de las máquinas, podremos escuchar el mensaje de vida sellado hasta en nuestros huesos.

Es entonces cuando recordaremos que humanamente, estamos en la Tierra y ella en nosotros.

 Y nos reiremos juntos de la vorágine que ineficientemente trató de absorbernos para que olvidáramos lo Sagrado de Todo, y la eterna Reconexión de la Vida.

¡Y las bendiciones siguen fluyendo!

Tahíta

miércoles, 4 de abril de 2018

Sintiendo lo que Sentimos



Hace muchos años, y en medio de una agitada relación, fui a ver a mi sabio amigo y mentor de esa época. Después de sollozar y quejarme del comportamiento del que creía mi futuro compañero, comencé una largo discurso acerca de que se suponía que debía aceptar lo que estaba sucediendo y que mi incapacidad para hacerlo demostraba un fracaso en el área de la aceptación total.

Habiendo encontrado recientemente por ese entonces las enseñanzas de la Nueva Era, me había fijado como meta, sin cuestionar, la idea de la aceptación incondicional y la rendición. Creí, por un período breve que todo mi sufrimiento se debía a que algo malo estaba haciendo, si me sentía herida.

Mi amigo escuchó, pacientemente. Y luego tomó un lápiz afilado de su escritorio.

"¿Qué pasaría si te pinchara los ojos con esto?", Preguntó.

Vacilante, respondí. "Bueno, realmente dolería".

"Exactamente", dijo, y sonrió.

Me tomó un momento darme cuenta de lo que estaba tratando de que viera. Me dolía, no porque hubiera algo inherentemente malo en mí, sino porque lo que estaba sucediendo era hiriente. El comportamiento que había supuesto que debía aceptar no era aceptable. Mis sentimientos estaban ahí para guiarme, en lugar de ser reacciones inconvenientes que debería reprimir, censurar o superar. Porque solo después de mucho andar comprendí que si no puedo aceptar sentirme como me siento, eso también es aceptable.

La creencia de que no debemos sentir lo que sentimos es una gran fuente de angustia.

 Esta creencia puede venir de una variedad de fuentes. Es posible que hayamos crecido diciendo que ciertos sentimientos son inaceptables (en algunas familias, por ejemplo, la ira siempre se reprime o la tristeza no se reconoce). 

Es posible que nuestra cultura, religión o espiritualidad nos haya enseñado que ciertos sentimientos particulares son signos de deficiencia, debilidad o maldad. La sociedad sanciona o castiga los sentimientos según la raza, el género y la sexualidad. Entonces, cuando nos encontramos en medio del enojo, el dolor, la envidia, la ira, el miedo o cualquier otra emoción que haya sido etiquetada como "negativa", creemos que hay algo mal en nosotros. Suponemos que tenemos que arreglar, resolver o deshacernos de la sensación. 

Además de sentir la sensación en sí misma, también tenemos que lidiar con la vergüenza o la auto-culpa por ella, en primer lugar. Nuestra confianza se viene abajo, dudamos y nos criticamos.

En el corazón de este asunto se encuentra la autoimagen idealizada de un yo ficticio que permanece para siempre inalcanzable. La autoimagen ideal varía para cada uno de nosotros, por supuesto. Creada en la infancia y refinada a medida que avanzamos en la vida, medimos nuestro yo real y deseamos ajustarnos al ideal. Quizás nuestra autoimagen ideal sea la de una persona serena y calmada que puede enfrentar cualquier eventualidad. Nos “pillamos” furiosos y hostiles y nos juzgamos a nosotros mismos en consecuencia.

 O nuestra autoimagen ideal es intrépida, valiente  y arriesgada, y nos encontramos temblando con una ansiedad incontrolable, y atrapados en un ciclo de auto desprecio como resultado de no encajar en lo idealizado.

 Independientemente de lo que creemos que  debemos  ser y sentir, estamos atrapados en la realidad actual de lo que realmente somos o sentimos, y más atrapados  parecemos estar al esforzarnos frenéticamente  tratando de que nuestro yo se ajuste a la imagen ideal. Esto es cometer violencia para con nosotros mismos y, a menudo hasta con los demás, porque muchas veces intentamos mantener intacta nuestra imagen ideal haciendo notar cómo se equivocan los demás. Otra forma de atascarnos en el proceso de soltar la idealización.

Si estamos dispuestos a investigar más a fondo, descubriremos los hilos de este nudo gordiano, y nos permitiremos sentir con más honestidad y profundidad en lugar de reprimir o negar lo que obviamente está aquí. 

Vayamos a concienciar…Primero, notamos la presencia de un  “debería” o “no debería”

No debería sentirme así. Se supone que debo aceptar esto. No debería estar enojado. 

Y luego lo cuestionemos. 

¿Qué o quién nos dice que no debemos sentirnos así? 

¿Cómo sabemos que se supone que debemos aceptar esto? 

En la investigación, no estamos haciendo estas preguntas desde una perspectiva intelectual. Por el contrario, las respuestas provienen de un lugar más profundo: desde la memoria, desde los escondites de información inconscientes que hemos almacenado tanto en la mente como en el cuerpo. 

Puede ser que descubramos que prometimos nunca sentir enojo porque tuvimos un padre furioso que nos traumatizó. O nos intimidaron en la escuela por atrevernos a llorar en el patio de recreo. Las posibilidades son infinitas; cada uno de nosotros descubre cómo esas inhibiciones, votos, reglas y demás funcionan dentro de nosotros.

Siempre llegará un momento en el que finalmente sentiremos esos sentimientos previamente denegados, prohibidos o tabú. Si le damos espacio, la sensación puede ser ella misma al fin. 

E incluso si es insoportablemente dolorosa, hay un alivio en poder estar con la realidad de lo que es, presentes, sin escapar, ni idealizar cómo deberíamos sentirnos. La sensación puede expresar, decir y mostrar su mensaje después de muchos años. Podemos sorprendernos al descubrir la sabiduría que yace en todos nuestros sentimientos. Nos volvemos más honestos con nosotros mismos. Nos acercamos más a la realidad de nosotros mismos, ya que no nos aferramos tan firmemente a la autoimagen ideal.

 Nos encontramos más dispuestos a sentir lo que está aquí y ahora, y menos dispuestos a validar rotundamente las enseñanzas y las reglas que nos dicen cómo ser o qué sentir.

Todos nuestros sentimientos, cualquiera que sea su naturaleza, y cualesquiera que sean nuestras ideas o creencias sobre ellos, son respuestas naturales o reacciones a la experiencia. Surgen naturalmente, no porque estemos equivocados o por culpa de nosotros, sino porque nuestros sistemas están diseñados para eso. Son una parte esencial de la experiencia de ser humano. Ser críticos con ellos, sean nuestros o de otros, es no entender el punto por completo.

 Cuando desarrollamos la capacidad de sentir lo que sentimos y le damos un espacio seguro para hacerlo, ya no necesitamos actuar de manera destructiva o dañina. Al llegar a ser plenamente conscientes de lo que estamos sintiendo, podemos estar presentes para nosotros mismos sin la vergüenza o la autocrítica que nos lleva a la negación. 

Comenzamos a sentir el espectro completo de nuestros sentimientos y nos conectamos con nuestra vivencia interna, soltando los  “debes  y  debería”.

 En lugar de tratar de ser super-yoes revestidos de caparazones  invencibles, nos volvemos humanamente vulnerables, abarcando todos los aspectos de nuestro ser.

 La vida nos toca, y tocamos la vida, cada vez más profundamente.

No nos perdamos la belleza de esos toques, que son la esencia de la mayoría de los aprendizajes en la dualidad en la que nos vivenciamos…aquí y ahora.

Y LAS BENDICIONES FLUYEN!

Tahíta

domingo, 11 de marzo de 2018

CAER…ABANDONARNOS…DESAPRENDER-


11 de Marzo de 2018



Nos enseñaron a no sentir, a no notar nuestra respiración, a distraernos de mil formas para no experimentar conscientemente el momento, la Vida manifestándose de infinitas maneras delante nuestro. Porque la mayoría lo hace, nos volvamos a la televisión, la tecnología en sí, los conflictos ajenos amplificados por los medios…y los miedos.

Nuestra desconexión del aquí y el ahora creó la adicción de escapar de todo. ..De la vida, del momento presente, de lo que nos duele, y por dualidad, de lo que podríamos gozar.

Nos crecieron garras por ese loco afán de huir o atacar…de luchar con todo lo que se presenta.

 Y en esa lucha dejamos de escuchar la voz del viento, de detenernos a observar y oler una flor, de cuidar no envenenar las aguas, de prevenir no  terminar hundiéndonos en un mar de plástico, o lo peor, hundiéndonos en la indiferencia, en el “qué me importa”, en una esquizofrénica manía de encerrarnos en el ego…que es tan sutil y a la vez tan temporal.

De esa manía surge en algunos la avidez por la marihuana, las pastillas mágicas, el alcohol, la religión o la espiritualidad, los gurúes o los enamoramientos, el egoísmo o el olvido total del amor propio verdadero, ese que se expresa hacia nosotros y hacia los demás…y en lugar de expandirlo, lo buscamos en todos los lugares, menos donde abunda: dentro.

Somos buscadores eternos de lo que nunca vamos a encontrar fuera, pero algún día nos daremos cuenta más que con palabras que lo de “afuera” es lo de adentro reflejado, y comenzaremos a crear mejores reflejos.

Es hora de salir del cascarón de esa clase de vida…al menos para mí.

Darnos cuenta que la vida sucede aquí y ahora, volver a enamorarnos  profundamente de la Presencia que nos contiene como expresión humana temporal recreando la interrelación que tenemos, en ella, con TODO. Los nativos norteamericanos lo expresaban diciendo… “Mitakuye Oyasín”…que significa TODOS ESTAMOS RELACIONADOS.

Se nos ha puesto tanto de moda la palabra “desaprender”…y sin embargo nos quedamos ahí, en  leerla, pronunciarla, sin atrevernos a echar mano a todo lo que aprendimos, que  ya no es incuestionable, porque tenemos que someter a “consciencia” no a juicio, todas esas supuestas verdades y a través del discernimiento y la intuición combinados, tirar fuera lo que no queremos y no nos sirve.

Des-aprender todo lo que hemos aprendido de otros es enamorarnos nuevamente de la vida sintente:  sentir el cuerpo,  escuchar nuestra respiración, ver nuevos  colores desplegándose frente a nosotros, a los que no les prestábamos ATENCIÓN…que fue algo que se nos olvidó por el ajetreado camino en que fuimos RESISTIENDO, huyendo o atacando, no pudiendo gozar de cada movimiento, de cada sensación yendo y viniendo, de observar cada pensamiento surgiendo y disolviéndose de nuevo en la infinita Presencia que ignorantemente llamamos NADA.

El juego de la vida no es algo fijo. Por eso lo que nos grabaron, etiquetaron y sellaron, podemos soltarlo, borrarlo, reescribirlo, desaprenderlo.

Todo el aprendizaje del pasado puede decirnos que las cosas son fijas y estables, preestablecidas, estáticas, dadas…eso no es VIDA…es programación muerta…pero la cargamos, nos aferramos a ella con miedo de que al soltarla perderemos nuestra identidad. Y es al contrario…no podemos llegar a lo que SOMOS sin soltarla.

Soltando  todo ese bagaje descubrimos que hay fluidez en todo lo que surge, que lo nuevo no es nuevo sino un reciclar continuo de energías que juegan con nosotros, y con las que podemos jugar magistralmente.

Quién soy, quién eres, qué es la vida, qué es la verdad, en dónde hemos estado, hacia dónde vamos…Ante tantos cuestionamientos no hay ningún lugar donde podamos beber de la certeza. Pero podemos renunciar a ella para ver qué se siente estar despiertos a LO QUE ES…sin certeza alguna, abriéndonos a lo inédito, a lo no pre establecido y dado por cierto…es lo bello de la VIDA, lo bello de CAER en la Vida, como caemos en el AMOR.

 En esta caída, la certeza es olvidada, dejada de lado por la urgencia de vivenciar cada instante.

 Es una caída en la paz y la aceptación, una caída sin lucha…y por eso es imprescindible desaprender…porque cuando le preguntamos a otro o nos preguntan ¿Cómo andas?, lo común es escuchar “En la lucha”…””Resistiendo”…”Sin bajar la guardia”.

BAJEMOS LA GUARDIA.

No hay atacantes, salvo esa actitud que el miedo nos alimenta al verlo todo como lucha, resistencia y cuidarnos del otro.

La paz no florece en donde regamos y alimentamos el miedo.

Alguna vez saboreemos la dulzura de abandonarnos con confianza. Permitámonos el resplandor de la RENDICIÓN…soltemos las resistencias y  dejemos al cuerpo sanar en la flexibilidad  y aún en la vulnerabilidad.

La paz y la aceptación siempre están aquí. Esta caída no se puede aprender. Es el des-aprendizaje lo que la permite.

Después de ella, dejamos que las olas de la vida nos lleven hacia el siguiente momento.

Tras ella podemos levantarnos y relacionarnos con todo de forma diferente, porque deja espacio para lo nuevo. Las certezas indiscutidas nunca dejan espacio para lo nuevo. Sólo dejan espacio para más especulaciones, más búsqueda, más cansancio. Un círculo de los tantos preestablecidos por patrones mentales “indiscutidos”.

Ya es hora de permitir esa caída fuera de lo aprendido, sin escuchar a los miedos, ni a la sociedad, ni a lo establecido. Solo escuchar al corazón…ese que quiere abrirse, palparse vulnerable y aun así aceptar el juego de esa vulnerabilidad encubierta, porque sin ella ni siquiera se atrevería a SENTIR LA VIDA.

Permitámonos esa caída que nos dejará  finalmente VIVIR.

Sin ella, seguiremos solo sobreviviendo en el tapiz del tiempo, fuera de la Vida que es Eterno presente.



Miro en este instante por la ventana, y veo, con gozo, cientos y cientos de semillas de diente de león volando empujadas  por el viento, entregadas, dóciles, sin lucha, dejándose llevar a donde se las siembre para continuar el eterno fluir de la Vida.

Algo aparentemente tan pequeño  me muestra en un instante consciente, todo lo que intentado expresar. Si estuviéramos atentos a esas señales, no necesitaríamos libros, ni palabras, ni certezas.



Tahíta-



miércoles, 28 de febrero de 2018

Si no me importa…No importa



Hace mucho tiempo vi una película en la que un anciano de una reserva de nativos norteamericanos era visitado por un niño blanco que era víctima de una encarnizada lucha entre sus padres que se estaban divorciando. La película mostraba como ambos padres le desgarraban el corazón pretendiendo tener la razón. Al final de la misma, el niño va a volver a su hogar en otro estado y el nativo le dice…

”En la Vida, recuerda aplicar éstos dos principios:
  • No te preocupes por una pequeñez.
  • Todo lo que pasa es “pequeñez”

Fue hace décadas que la vi, sin embargo esa enseñanza me marcó.

Nuestra mente suele conspirar abierta o discretamente en contra de nuestra paz. Por eso es que tantos autores hablan de “los demonios de la mente”. Y sí…puede elaborar pensamientos inquietantes y convertir un grano de arena en un desierto, solo para tratar de convencernos de reaccionar ante una situación, en lugar de responder a ella. Oponerle resistencia y luchar contra la mente  no es efectivo, por lo que es mejor, con el respeto y aprecio que merece, ponerla en su lugar cuantas veces nos sorprendamos enredados en sus artilugios.

La mente es compleja y variable, como el jabón, resbaladiza y difícil de contener. Un día está alegre y sociable, y al siguiente nos empuja a la soledad y el aislamiento. De acuerdo con su estado de ánimo, agranda o empequeñece un suceso, sin tener en cuenta una perspectiva realista.

Sin embargo en ella existen muchos niveles de consciencia operando, y cuando podemos detectar y situarnos en el nivel de “observador” de los propios pensamientos, podemos desde esa perspectiva más objetiva decidir “no pensar”, aunque dure poco, o no prestar atención al caudal de elaboraciones que corren río abajo arrastrándonos en la pena, la ira, el miedo, o lo que sea. Si podemos no darles tanta importancia, no alimentarlas con una atención inmerecida, dejarlas pasar sin considerarlas como problemas…DEJA DE HABER PROBLEMA. Cuando no los consideras problemas, no hay problema.

Eso no significa, ni esconderse ni huir. Solo observarlas pasar.

Dudo que lleguemos en esta etapa evolutiva a no pensar a voluntad completamente o la vacuidad mental, así que estar alertas al río que corre sin problematizarnos de que lo haga, suele ser una solución pacífica y no tan traumática como oponernos y pretender “no pensar” las veinticuatro horas del día.

El río corre, lleva muchas cosas. No me importa. Y si no me importa, no importa.

Lo dijo Mark Twain sobre la edad…”La edad es un asunto de mente sobre materia. Si no te importa, no importa” ¿Y no es este el caso con muchas otras cosas en nuestras vidas? Si no parecen importarte, entonces esas cosas realmente no importan.  La edad es uno de esos asuntos, otras cosas pueden ser los hábitos de las personas, por ejemplo, si el nivel de limpieza de la casa de un amigo no coincide con nuestros estándares exactos, los malos modales de un conductor por la ruta, la música de los vecinos molestamente alta, o incluso ver nuestro propio cabello ponerse gris. Y la lista puede ser larga.

¿Por qué en algunos días nada parece molestarnos  y en otros días una situación similar puede hacernos caer en el mal humor o la ira? O bien, reaccionamos o respondemos a la misma persona o situación de diferentes maneras dependiendo del impulso de la mente. Necesitamos entender que, a menos que observemos a la mente y le quitemos poder reiteradamente haciendo caso omiso de sus vaivenes, va a continuar vacilando y creando disturbios y confusión.

Lo dice en cada charla mi  querido Jorge Lomar…”Déjate en Paz”…o sea no dejes que la mente inferior te perturbe con todo lo que carga.

Si permitimos que mil cosas insignificantes nos molesten, estaremos constantemente enojados, agraviados e infelices. En otras palabras, si añadimos dolor a la situación, no estaremos en paz. Si decidimos no darle a “una pequeñez “nuestra atención, entonces dejará de molestarnos.

Un día comprenderemos que TODO ES PEQUEÑEZ.

La situación no importa, sino la mente que ponemos o no en ella. El aderezo placentero, irritante o neutral. Sea el que sea…SI NO TE IMPORTA, NO IMPORTA…si duele, ya has delegado el poder en la mente, y en ella, no es PODER…es fuerza…fuerza litigante.
Déjala en paz.
Las situaciones aparecerán y desaparecerán, pero si nos damos cuenta de que realmente no importa, podemos dejarlas ir. Es un caso de "preocuparnos por nuestra mente" para que se comporte de manera apropiada según las circunstancias. Pero: nada importa tanto, nada vale más que nuestra  paz y cordura.

Es la mente arrogante la que trata de tomar el control de nuestras vidas y nos hace juzgar si merece la pena prestar atención o no, ya sea amor u odio, respeto o falta de respeto. Si el ego está herido, entonces la mente encuentra fallas en una persona o situación, recogemos la tristeza como botín y desde allí…eso 'importa'. Si, por otro lado, el ego se siente complacido, todo tranquilo, entonces no importa.

Pero podemos  nosotros decidir de antemano que NO IMPORTA.

Decidir dejar ir las cosas que realmente no importan. Elegir aquello en lo que preferimos enfocar la atención y mantenernos en lo posible libres de estrés, acunando paz.

Pégalo en tu auto, en tu heladera, en tu escritorio…y siéntelo…

SI NO TE IMPORTA, ENTONCES… ¡NO IMPORTA!

¡Y LAS BENDICIONES FLUYEN!

Tahíta


martes, 27 de febrero de 2018

Bajando el volumen de lo Externo -  por Tahíta


En nuestra vida diaria continuas distracciones llaman nuestra atención aquí y allá. Algunas nos invitan a participar en las cosas más inverosímiles o inútiles. Otras nos invitan a escapar, a evadirnos… y aún otras a reaccionar.

Esta es la razón por la que a lo largo de la historia muchos en el camino espiritual se aislaron en monasterios o se convirtieron en ermitaños lejos de otras personas: la vida mundana es extremadamente ruidosa en muchísimos sentidos.  Es tan ruidosa, que de hecho, requiere un toque consciente poder  escuchar la voz quieta y sutil, la voz interior genuina.

Esta voz interior es la principal forma en que podemos conectarnos con lo Divino, que también podemos llamar intuición, Fuente, etc.

 Es nuestra conexión con TODO LO QUE ES, y cuando no podemos escucharla, fácilmente sucumbimos a sentirnos confundidos, abrumados, perdidos en el ruido exterior.
Pero no todos podemos recluirnos en monasterios o cuevas en lo alto de las montañas.
 ¿Cómo hacer para escuchar la guía interna que siempre está ahí?

A primera vista, parece que la respuesta es simplemente hacer silencio, mejor aún, hacer silencio  y meditar. Sin embargo, cuando trato de hacerlo, las voces, la charla y el ruido del mundo no solo me siguen a ese espacio silencioso, sino que comienzan a rivalizar y a causar más alboroto.

Estas voces, están siempre allí, y hábilmente compiten por mi atención, embargándome, cuando me pillan fuera de foco, en potentes emociones para ganar posición, para que crea que el pensamiento es importante. Estas voces a menudo son incluso más fuertes que las que trato de evitar en el mundo exterior. También hacen todo lo posible para ahogar la única voz pura de cordura que reside dentro.
Lo único por hacer es agregar conciencia y el discernimiento al proceso. Sin lucha, sin supresión, sino un agregado.

Cuando  traigo la consciencia al proceso del pensamiento entonces puedo vislumbrar o ver directamente patrones que están enfocados en el pasado o en el futuro, siendo casi siempre proyecciones, especulaciones, historias o medias verdades sobre lo que está sucediendo, que no tienen nada que ver con lo que en realidad sucede en el momento presente.

Esos patrones mentales  me solían cargar de culpas, temores y hasta angustia.

La voz quieta y pequeña de lo Divino o de la intuición no es para nada así.

Es amorosa, amable, paciente y sabia, aunque puede ser firme y directa, sin ambigüedades.
No hay en ella caos.

 Está enfocada en el presente, es sumamente tranquila, y solo pone su intención en el mayor Bien para cada fragmento de su Ser.

 Su intención es afirmar la vida, no todas las tonterías que el mundo que nos  rodea  dice que son lo mejor. Está ahí para guiarnos en el camino de la evolución del Alma.

Se requiere coraje y práctica para rasgar los velos de pensamientos y ruidos alrededor nuestro, para filtrarlos, para dejar de presionarnos, para descubrir y descartar las conductas y actividades que nos agotan la energía y aniquilan los planes del alma. Si aprendemos a escuchar la diferencia entre esta charla interna y externa, que en definitiva, es siempre externa al SER, y escuchamos la Voz real en nuestro interior, ya no nos sentiremos solos o perdidos.

Tenemos acceso a una guía que nos llevará exactamente a donde necesitemos ir y hacia lo que elegimos  hacer.

Escuchar no puede quedarse allí, sino que tenemos que seguir las instrucciones de esta guía interna. Cuando lo hacemos, descubrimos que siempre se nos cuida, cosa que tratan de negar muchas veces los pensamientos aleatorios en nuestra  mente o los pensamientos de los demás.

Para elevarnos por encima del reino de los meros pensamientos, es necesario sintonizar una frecuencia más alta, la que está alineada con esa  Voz interior.

Entonces, la vida misma nos habla donde sea que estemos. Recibimos señales en el mundo externo que identificaremos con certeza como guía perfecta.

Lo he experimentado por más de sesenta años…y cuando lo he olvidado, cuando  llevada por otros vientos promuevo una virtual separación de esa inmanente Presencia…entonces sí vuelven a tomar poder los fantasmas que tratan siempre de convencerme de que “soy poco”, fragmentada, inerme, no amada…

Los pensamientos no son el enemigo. Son una herramienta diseñada para servirnos, pero nunca para tomar la delantera. La personalidad tiene un papel que jugar, pero nunca se suponía que condujera nuestra vida.

No sabe nada sobre nuestra esencia.

Cuando bajamos el volumen de todos los pensamientos y preocupaciones propios del ego personal, lo que estamos haciendo es abrirnos a volver a conectar con nuestro Ser auténtico.

Ahí está la liberación de tanto ruido innecesario.

Lo que es sorprenderte es que en esa aparente vacuidad, en lugar de sentirnos extraños, confundidos, desorientados, perdidos, angustiados…nos sentimos como si hubiéramos vuelto a casa. Y esto…está siempre disponible para todos, sin excepción.

Solo hay que des-aprender los ruidos…estén o no, como primer mandato y a la vez re-aprender a escuchar por sobre todas las manifestaciones faltas de verdadero Amor, compasión, comprensión infinita, paciencia…una Voz que siempre nos confirma como INOCENTES…una Voz que nos mantiene enhebrados en el hilo del Espíritu, como cuentas valiosas y luminosas en el collar de Lo Eterno.

Y LAS BENDICIONES FLUYEN!

Tahíta

sábado, 17 de febrero de 2018

¿Lo miserable de la no Coherencia?


En Facebook comencé a sintonizar con lo escrito de un personaje de la Vida, como nosotros ,que ha inventado, según él y su libro, la “Biodescodificación Cuántica”. Uyyyy…suena importante!

Es risible que cada uno que quiere lucrar con la biodescodificación le cambie de nombre, ese simple y genuino que utilizaron los pioneros del tema, para poder ponerle su sello y registrarla como propia. Desde ya me reí desde un comienzo de la pretensión de llamar “cuántica” a la biodescodificación, porque parece que como es una palabra poco comprendida en su esencia, pero de moda, todos la adicionan a sus métodos para hacerlos parecer más completos y complejos, y así nos encontramos con Astrología Cuántica, psicología cuántica, etc…

La cuestión es que los fragmentos de sus libro que sube a su Facebook eran muy interesantes y reflexivos, pero nada nuevo bajo el sol, o sea los conocimientos de Salomón Sellam, Christian Fleche, etc…con palabras nuevas y determinación de formular como nuevo algo  que ya está bien estudiado y sacado a la luz. Lo seguí por un tiempo y me agradaba la osadía con que presentaba las “posibles verdades” de la sintomatología, y hasta pensé en crear un apartado en InterSer para sus escritos…sin embargo  miraba sus videos por YouTube…y mi intuición  hacía que me “doliera la panza”…eso me ocurre siempre que me alerto desde otras dimensionalidades acerca de lo genuino de algo. Lo vi como una persona atormentada (eso es lo que surgió desde dentro, sin análisi mental), sin facilidad de palabras, bajando la mirada cuando habla, lo que inequívocamente habla de una sombra que no ha sido liberada y ya te da pauta de la poca seguridad  de sus conocimientos…pero me dije a mi misma…”no juzgues”…cuando en realidad la intuición te lleva a sentir por algo, a discernir.

La semana pasada comenzó a postear frases  grosera y algo violentas…y todos los seguidores seguían embelesados aplaudiéndole…por lo que solo observé…Algo así como “Todo es una mierda”…y me dije, este hombre no está bien en su proceso. Luego sacó otra frase en la que decía que indudablemente los “agentes de la sombra” contaban con más recursos de los de la Luz (jaja)

Un biodescodificador sabe que la sombra que ve es la propia y que los agentes de la sombra somos todos los que la creamos y ahora tenemos que disolverla, y no la creamos porque “somos malos y oscuros” sino porque vinimos a experimentar con la dualidad sombra-luz…y en el fondo SOMOS LUZ…energía ni buena ni mala. Por lo visto esos capítulos en sus estudios imprescindibles para alguien que dice biodescodificar se le pasaron…además, creo que él se auto-otorgó el título…como yo podría mañana inventar una academia de “El Método de Tahíta para el despertar Cuántico” (cuando me considere falsamente despierta  lo hablamos).

Fui tan bien pensada que me dije…”Nos está probando  publicando aberraciones” para que saltemos, dejemos de aplaudirlo  y darnos una lección de…SOLO SIGUE  TU INTERIORIDAD…pero no. Hace unos días sacó algo así como que el primer paso del despertar es descubrir “lo miserables que somos”. ¡Pobre personaje abrumado!...y lo peor es que los seguidores de su página le daban la razón creándose un clima de ayyy ayyy aayyy…¡qué miserables somos! que bajó la vibración de cuantos se dejaron arrasar por este personaje humano que se siente tan miserable que tiene que compartir y distribuir su enorme carga con los demás espejos.

Entonces mientras observaba el proceso surge otro personaje, más despierto que él, que le dice: “José…hoy sí que la has pifiado…no es mi caso, yo no me siento miserable, me siento bien en mi proceso”….¡Por fin alguien recuperando la coherencia¡…y este señor José, autor de un primer libro de Bidescodificación Cuántica y bla bla bla…al verse enfrentado por su “espejo-maestro”, rehuyendo esa enseñanza, simplemente le dijo que se retirara del grupo porque evidentemente no era para él. No…evidentemente este tipo se pseudos gurúes de la materia o ciencia o pseudo ciencia que sea: no son para personas que con coherencia pueden ver su “inocencia” y la de todos, para quienes vamos con paciencia corriendo los velos y reconocernos cualquier cosa menos miserables o nefastos o agentes de la sombra. En ese momento sí intervine para ponerle simplemente que no necesitaba invitarme a mí también a dejar de seguirle, pues desde ese momento, me liberaba y lo liberaba de “abrirnos todos a considerar  lo que estaba trasmitiendo”.

Él también es inocente de lo que hace. Si el Todo lo permite y los demás lo dejamos avanzar es para “abrirnos los ojos” acerca de los rollos mentales que personas que aún no han alcanzado la coherencia para sí mismos puedan sembrarnos, llevándonos a sentirnos miserables, poco merecedores o sombríos, solo porque ellos se sienten así y su energía se propaga debilitando y socavando nuestra energía desde su campo sombrío. Ni bueno ni malo.TODOS HACEMOS LO MEJOR QUE PODEMOS DESDE NUESTRO CAMPO DE CONCIENCIA. SÍIII

Solo quería compartírselos para que permanezcan despiertos y atentos acerca de la manipulación subjetiva de energía a la que estamos expuestos en las redes, en el barrio, en nuestra casa, en todo sitio…ATENTOS Y VIGILANTES…para perdonar, saltar por sobre, y hasta trasmutar esa energía en lo que queramos. Somos co creadores, lo asumamos o no…La energía es Una pero sus vertientes  nos llegan de una manera y podemos subverterla en otra…la que deseemos.

 

BENDICIONES EN ÉSTE ETERNO JUEGO!!!

Tahíta

 

viernes, 16 de febrero de 2018

LA SEGUNDA CAPA DE DOLOR


Como Buda lo expresó, cuando a una persona le embarga un sentimiento de dolor se aflige, llora, se lamenta y angustia y le aquejan  dolores físicos y mentales.

Esta clase de dolor es inevitable. Casi en todos los casos añadimos otra capa a ese dolor… el dolor que generamos en respuesta al inicial, al resistirnos quejándonos y deseando que las cosas sean de otra manera. Éste tipo dolor es el que podemos aprender a gestionar, el que no es inexorablemente  inevitable.

El no poder gestionarlo y añadir otra capa nos lleva a un tercer dolor, no siempre manifiesto inmediatamente, pero derivado de la no aceptación, el intento de negación, y el impulso de huir…lo que solo hace que la cuota a saldar se acumule y aumente. Y se huye de muchas maneras, casi siempre a través de los sentidos…comida, televisión, entretenernos en otra cosa. Aunque suele considerarse un tercer dolor…solo surge del segundo…esa capa que adicionamos al no poder gestionar el inicial…y el intento de camuflarlo

Ya hace mucho que los psicólogos más profundos han descubierto que esto puede aliviarte por un corto tiempo, pero que tirar al inconsciente el dolor alimenta su regreso triunfal.

Para dar un ejemplo ficticio: Me siento sola porque mi pareja me abandonó. Es un dolor inicial.

Pero luego re-creo el dolor diciéndome cuán terrible es mi vida, o diciéndome a mí misma que debería ser más "desapegada". De cualquier manera, sufro de nuevo. Esto es sufrimiento fabricado…es la segunda capa que nos regalamos, sin quererlo, claro.

Alternativamente, podría tratar de reprimir mi soledad comiendo demasiado chocolate. Y mientras lo saboreo, experimento placer. Pero el chocolate llega a su fin, y vuelvo a sentirme sola y abandonada. Ese es el sufrimiento que llega cuando nuestros mecanismos de evasión terminan.

Y es que cada energía que llega tiene que agotarse hasta el fin. Nada de esconderla, ni de negarla, y menos taparla con distracciones, llámese chocolate, sexo, tele, o lo que sea.

Yo misma lo he hecho infinidad de veces hasta que  leyendo los escritos del Dr Hawkins y Jeff Foster, no me limité a decir “Qué bien”…sino que me animé a no “sacarle el cuerpo” a nada y resultó toda una revelación que agradezco a los hermanos-espejos que nos trasmiten esa posibilidad que resulta la más sencilla, si le quitamos el miedo.

Muchas veces  paso por momentos familiares en que flaqueo…y casi siempre, aun estando de pie y cocinando o limpiando la casa, tengo que parar, reconocer lo que me está agobiando, o no…simplemente reconocer el síntoma…la sensación de opresión en la garganta o en el plexo solar…y ya no huyo, ni con una pastillita, ni con una llamada a una amiga, sino que respiro varias veces hondo pongo mi atención amorosa en donde siento dolor u opresión, física o emocional…y  me abro a sentir esa energía sin que se acumule en  mis deudas…y como dice el doctor Hawkins…hasta me animo a decir…”Padre, dámela toda”…Esa energía dura en promedio un minuto y medio…más o menos…la recibes y sientes y se agota. Eso es todo…cuando surge otra…heces igual, paras, le das toda tu atención amorosa…la dejas manifestarse y SE ACABA.

Vale para todo.

Muchos me escriben sobre la pérdida de un ser amado. No soy consejera de duelo, pero he pasado por varios aún sin las perspectivas aliviadoras que el abrirnos a las experiencias nos dan

El dolor puede ser tremendo. Lo primero para enfatizares que el dolor de la pérdida es muy natural y que debe ser aceptado. Es común pensar que sentir dolor “no es aceptable espiritualmente”, pero cuando nuestra vida ha estado profundamente enredada con la de otro ser, los dos somos parte de un sistema emocional, una especie de amor compartido que fluye entre nosotros. En ese tipo de relación no somos, en un nivel emocional, dos seres completamente separados. Y cuando perdemos al otro, parece que una parte de nosotros ha sido arrancada. Se siente de esa manera porque eso es exactamente lo que sucede energéticamente.

Así que, si estás en ese trance u otro doloroso, toma  un respiro y di: "Está bien sentir esto". Realmente lo está.

Incluso los más iluminados sienten dolor.

Cuando pensamos que hay algo mal acerca de sentir dolor, agregamos una segunda capa de sufrimiento, que a menudo es mucho más dolorosa que la primera. Esta segunda capa de dolor viene de decirnos cuán terrible es la experiencia que estamos teniendo, cómo no debería haber sucedido, etc. Aceptemos que está bien sentir el dolor inicial, y es menos probable que agreguemos  esa segunda capa.

Considero que el dolor es una expresión de amor. El dolor es como se siente el amor cuando perdemos, o así lo consideramos, el objeto de nuestro amor. Y eso vale para todos, aun los que se han leído y releído los libros sobre desapego y mil más. Intenta ser consciente del dolor y verlo como valioso, porque es Amor. Muchos me dirán “es apego”…puede que el apego sea una fase  menos madura del Amor  libre de todo lazo…pero no demasiados llegan a éste último sin pasar por el más personal. En la dualidad…sin amor, no hay dolor. Pero sin dolor, no habría amor. Entonces, tenemos que ver el dolor como parte del paquete de la experiencia dual, por así decirlo.

Me ha servido poner mi atención en ese dolor, detectarlo, reconocer que una parte de mi expresión está sufriendo y enviarle mucho amor compasivo…para no agregar una segunda capa de dolor…sino para que se sienta reconocido, vivido y se diluya.

Mientras presto atención consciente a la parte de mi humanidad que está sufriendo (notando en qué parte del cuerpo se encuentra el dolor), suelo decirme cosas como "Está bien". Sé que duele …estoy aquí, fuerte para ti” . También me digo “Lili…te amo, el Espíritu responde aquí y ahora y te abraza en Luz y Amor”

La única diferencia entre nosotros y alguien con maestría emocional es que nunca agrega una segunda capa de dolor.

No he llegado a ese nivel…pero  confío plenamente que no huyendo, todas esas energías que capa a capa deben caer, lo hacen cuando me abro sin miedo a sentirlas y permito que la Vida viva a través de mí…y a la vez sé por experiencia que la energía aceptada, no golpea más con la misma intensidad.

Y LAS BENDICIONES FLUYEN!!!

Tahíta

miércoles, 24 de enero de 2018

Una Bondad Amorosa que se toma su tiempo


La bondad amorosa es una práctica que se  hace eficiente de a poco y con ligereza. Sin forzarla.

Sería abrupto después de años de ser programados para el ataque y la defensa, deponerlos y abrir el corazón vulnerable a su espaciosa perspectiva amorosa.

Aunque no lo crean, la mayoría de las personas se quedan detenidos en el primer estadio de la meditación de la Bondad Amorosa…porque es la etapa en que la tenemos que aplicar a nosotros mismos, sentirla, experimentarla para expandirla después. Otros, más abiertos al arte de amarse, pasa esa etapa sin demasiados tropiezos y la siguiente pero se estancan  en la tercera o la cuanta. Y es que las etapas son…mostrarnos a nosotros bondad amorosa, mostrarla a los seres amados, extenderla a personas desconocidas con las que no tengamos historia, abrirla luego, y debe ser la etapa más dura, a  aquellos con los que tenemos conflictos, enojo, enemistados…y al fin hacerla extensiva a TODO SER…lo que, paradójicamente parece ser menos difícil que abrazar con ella a nuestros presuntos  “enemigos” a quienes nos han herido, maltratado, no tenido en cuenta, abandonado, etc.

Debe hacerse de la manera más fácil posible para que la experiencia brote con suavidad y naturalidad. Hacerlo de la manera más fácil posible significa primero usar frases que nos sean significativas.

 Y esas frases, que podemos elegir entre las que más nos resuenen, las aplicamos primero a nosotros mismos:

Que me llene de bondad amorosa; que me acoja con bondad amorosa.

Que me sienta a salvo y tranquilo.

Que me sienta protegido.

Que sea feliz.

Que me acepte tal como soy.

Que alcance la paz.

Que llegue a conocer la alegría natural de estar vivo.

Que mi corazón y mi mente se abran para recibir el amor.

Que me libere de todo pesar, dolor y duda.

 

Dejamos que la mente descanse en las frases. Podemos acompañarlas con respiración consciente o no: el foco de la atención son las frases. Permitimos a los sentimientos ir y venir.

Podemos usar cualquier frase que sea poderosa para cada quien. Deben ser significativas no solo de manera temporal: aprobaré este curso, sino algo profundo que desearíamos y deseamos a los demás. Los pensamientos son muy importantes al hacer la práctica de bondad amorosa, no luchamos para tener cierto tipo de sentimiento y otros no. 

Solo dejamos que la mente descanse en las frases.  A veces se sentirá glorioso, será extraordinario.

Otras  veces será muy común, muy mecánico, pero no importa. No significa que no está pasando nada o que no está funcionando. Lo importante es hacerlo, es formar esa intención en la mente porque estamos uniendo el poder de la bondad amorosa y el poder de la intención, y eso es lo que producirá el efecto de ese flujo libre de bondad amorosa.

Las frases funcionan. Lo corroboran personas que no creían en su efectividad, que las repetían a veces con hastío, otras no…y al tiempo encontraron que les era más fácil amarse, perdonarse y hacerlo con los demás.

En la siguiente fase, extendemos esas frases  un ser amado o a varios, de a uno por vez. Podemos cambiar las frases  de lo que deseamos se manifieste en su vida, de acuerdo a las necesidades que reconocemos en cada quien.

Después de haber estado aplicando las frases en un ser amado, la hacemos extensivas hacia alguien neutral, alguien desconocido o sin historia emocional con nosotros. La primera tarea, por supuesto, es encontrar alguien neutral porque a menudo, tan pronto como conocemos a alguien ya  tenemos un juicio: Me gusta. No me gusta. Eso ya no lo califica como neutral

Si podemos posicionarnos ante alguien de manera neutral, es una práctica menos personal enviarles bondad porque no hay ninguna historia con ellos.

En útil darnos cuenta que esa persona, sea como sea su apariencia o vida, solo desea como nosotros, estar en paz, ser feliz, vivir…sin juzgarlo.

Podemos repetir:

Que te llenes de bondad amorosa; que estés acogido en bondad amorosa…que sientas ahora mi amor.

Que te sientas seguro y en paz.

Que te aceptes a ti mismo tal como eres.

Que seas feliz.

Que alcances la paz..

Que conozcas la alegría natural de estar vivo.

Que despierten tu corazón y tu mente.

Que seas libre.

Después de hacer eso por un tiempo, para avanzar, enviaremos bondad amorosa a alguien con quien tenemos dificultades. La etapa más difícil, porque esa persona, de alguna manera, simboliza la diferencia entre la bondad amorosa  condicional, y la incondicional, que va más allá de elegir quién es merecedor de bondad amorosa (todos lo son),de satisfacer nuestros deseos, una etapa en la que ni siquiera pretendemos que el afecto regrese, o que las personas nos traten bien. 

Es esa persona la que define la línea entre lo que es finito y lo que es infinito.

 Sin embargo, no es fácil. Muy a menudo  pensar en esta persona  aviva sentimientos como: enemistad, enojo, miedo, o lo que sea. Cuando enviamos bondad amorosa a una persona con la que sostenemos una relación difícil, solemos sentir todos estos otros sentimientos manifestados como  ira. 

Si es posible, tenemos que intentar  soltarla. Recitamos las fases anteriores, o las que sintamos. Si es demasiado fuerte, entonces podemos aplazarlo hasta que nos sintamos más preparados.

No sirve forzarse. Prestemos especial atención al sentimiento desagradable hasta que comience a disminuir un poco, no necesitamos juzgarlo ni juzgarnos. 

Permanecemos con ese sentimiento hasta que disminuya. Siempre disminuye. Ahora, cuando podamos, retomamos la práctica de bondad amorosa nuevamente.

Práctica guiada de amor y bondad

Una vez que se nos hace  habitual la bondad amorosa puede surgir de nosotros en todo tiempo o lugar: en un transporte, en la calle, en un supermercado, con un vecino, un médico, un vagabundo, un animal o planta…pero al principio  la mayoría de las personas prefieren  hacer meditaciones cortas , en silencio, para extender la misma. Cada quien sabe si lo siente hacer.

Para comenzar, tomamos una posición sentada cómoda  cerrando los ojos.

Encontramos frases que nos gustaría usar. Tomando algunas respiraciones profundas, relajando el cuerpo, encontrando las frases que reflejan lo que deseamos más profundamente para nosotros. Muy suavemente las repetimos. Podemos poner las manos sobre nuestro corazón.

Luego traemos a la mente a un Ser amado, o alguien por quien sentimos respeto, admiración, afecto o gratitud, y tratamos de mantener la imagen de esa persona o pronunciamos su nombre mentalmente. Dirigimos esa fuerza de amorosa bondad hacia ellos, deseándoles seguridad, felicidad y paz.

 Muy suavemente, una frase a la vez, dejamos que la mente descanse en cada frase.

Y si se viene a la mente cualquier otra persona amada, admirada o apreciada, dirigimos las frases hacia ella, deseando su felicidad y su bienestar.

Ahora traemos a una persona neutral a la mente. Observamos cómo se desarrolla el sentimiento de bondad amorosa. Que sea alguien en nuestra vida con quien no tenemos un fuerte sentido de agrado o desagrado.  Extendemos la sensación de bondad hacia ella. Si  nadie viene a la mente en esta categoría, entonces seguimos con un conocido poco implicado con nosotros.

Pasando a la siguiente fase, si podemos, recordemos a alguien con quien tengamos dificultades. Si hay alguien con quien tenemos tal vez una dificultad no muy grave, comenzamos con él: alguien con quien hay conflicto, hay tensión. Hay inquietud, alguien de quien diríamos “no me gusta”. Recordando que esa persona, también, en su alma, solo quiere el bien; que por ignorancia, todos cometemos errores que crean daño o sufrimiento, y que causar sufrimiento inevitablemente traerá sufrimiento a esa persona. Veamos si podemos extender esa fuerza de amorosa bondad hacia ella. 

Enviar bondad amorosa no significa que aprobemos o desaprobemos sus acciones, significa que podemos ver claramente las acciones que son incorrectas  y  aun así no perdemos la conexión y podemos comenzar a abrirnos para amarle, como sea…aún en el futuro. Sin forzar.

Una vez que la traemos a la mente repetimos para ella las frases anteriores o las que sintamos…. Si podemos encontrar algo bueno de esta persona, en medio de todo lo demás, si nos podemos enfocar en esa cosa buena, encontraremos que hay una sensación de acercamiento, apertura, y todo el resto se puede comenzar a ver desde otra perspectiva.

Que te llenes de bondad amorosa; que estés acogido en bondad amorosa…que sientas ahora mi amor.

Que te sientas seguro y en paz.

Que te aceptes a ti mismo tal como eres.

Que seas feliz.

Que alcances la paz..

Que conozcas la alegría natural de estar vivo.

Que se te despierten el corazón y la mente, que seas libre.

 

Ahora, expande ese amor a todos los seres, en todas partes, sin distinción, sin exclusión:

Que todos los seres vivos estén libres de peligro, pueden tener felicidad mental, pueden tener felicidad física, pueden tener bienestar.

Todas las criaturas, conocidas o desconocidas, cercanas o lejanas, nos gusten no nos gusten o nos sean neutrales: a todas las abrazamos en esa bondad amorosa.

Todos los individuos... los felices, los que están sufriendo o causando sufrimiento: sean sin distinción abrazados en la bondad amorosa de nuestros corazones.

Todos los que existen 

Cada ser, en todos los lugares, pueden ser capaces de acceder a lo que deseamos para nosotros mismos.

Que todos los seres se llenen de bondad amorosa.

Que todos los seres conozcan una enorme paz.

Que haya paz en la tierra; paz en todas partes.

Que se despierten todos los seres; que todo se liberen.

 

Cualquier cosa, frase recordatorio o gesto que pueda inspirarte en esta meditación, puede ser recreado.

 

A mí particularmente me resuena mucho el texto de la Bendición a la Tierra del maestro sanador Choa Kok Sui, que les comparto debajo…

 

Bendición de la Tierra con bondad amorosa

 

Desde el Corazón de Dios,

Que toda la Tierra sea bendecida con bondad amorosa.

Que toda la Tierra sea bendecida con gran alegría,

felicidad y paz divina.

 

Que toda la Tierra sea bendecida

con comprensión, armonía, buena voluntad

y voluntad encauzada hacia el bien. ¡Así sea!

 

Que los corazones de todos los seres sensibles se llenen

de amor y bondad divinos.

Que los corazones de todos los seres sensibles se llenen

de gran alegría, felicidad y paz divina.

Que los corazones de todos los seres sensibles se llenen

de comprensión, armonía, buena voluntad

y voluntad encauzada hacia el bien.

¡Con gratitud, así sea!

 

Co creamos con cada pensamiento, sentimiento, palabra y obra, y podemos con intención y aún sin ella, y de echo lo hacemos, influir en el campo energético de nuestra aura y el de los demás…DE TODA VIDA.

Así que los invito a encontrar las herramientas para que aún a la distancia podamos ser fuente de Paz y Amor

Y…LAS BENDICIONES SIGUEN FLUYENDO!!!

Tahíta

No hacer: el espacio entre lo viejo y lo nuevo


Los problemas que experimentamos en nuestras vidas y en el mundo provienen del empobrecimiento energético y la desconexión. De nuestra falta de capacidad para sentirnos a nosotros mismos, a la Tierra y de no percibir cómo la Vida se mueve y evoluciona a través nuestro.

 El problema no es si actuar o no, si  "hacer algo" o no hacerlo, sino qué es lo que realmente nos impulsa a actuar.

Antes de poder pasar a una nueva historia, la mayoría de la gente -y probablemente la mayoría de las sociedades también- primero tienen que navegar por el pasado.

Entre lo viejo y lo nuevo, hay un espacio, un vacío. Es el espacio en el que las lecciones y los aprendizajes de nuestra  vieja historia tienen que integrarse. Solo cuando las integramos, lo anterior estará realmente completo.

Es un trabajo de integración sutil en el que cerramos un ciclo, comprendiendo que no queremos seguir  con eso, de esa manera.

Y el vacío del no hacer es fundamental.

Entonces podemos palpar el vacío preñado de lo que todo surge. Preñado de posibilidades latentes, ya que la nada no existe, y el vacío es solo un campo inmenso de posibilidades potenciales que necesitamos explorar para dar atención a lo que aspiramos que surja. HE AQUÍ EL PODER DE LA MANIFESTACIÓN Y CO CREACIÓN CONSCIENTES.

Volviendo a la esencia, recuperamos la capacidad de actuar desde la esencia.

Volviendo al espacio entre historias, podemos elegir  la libertad y no el hábito.

Poder cortar con viejos hábitos es tan liberador como  imposible de hacer sin un acto de consciencia profunda  emergente de ese espacio que nos concedemos.

Un buen momento para no hacer nada es cuando nos sentimos atrapados.

Éste, para mí, es un buen momento para no volver a repetir las viejas historias y darme la oportunidad de nuevas decisiones o un nuevo fluir. Abandonar todo esfuerzo  y permitir que se detengan las demandas.

No temamos hacer lugar al vacío. Es la fuente a la que debemos regresar si queremos ser libres de las historias y los hábitos que nos atrapan.

Si estamos atascados y no optamos por visitar el lugar vacío, con el tiempo terminaremos allí de todos modos.

 El viejo mundo se viene abajo, pero lo nuevo no ha surgido. Todo lo que alguna vez pareció permanente y real se revela como una especie de sueño. No sabemos qué pensar, qué hacer. La trayectoria de vida que trazamos parece absurda, y no podemos imaginar otra. Todo es incierto.

Sin los espejismos de orden que alguna vez parecieron protegernos y filtrar la realidad, nos sentimos desnudos y vulnerables.

 Pero también percibimos cómo surge cierta libertad. Las posibilidades que ni siquiera existían en la vieja historia se encuentran ante nosotros, aun sin saber cómo llegaremos a ellas.

Ese es el espacio donde el viejo mundo se derrumba pero lo nuevo aún no ha emergido.

El desafío es permitirnos estar en ese espacio, confiar en que la siguiente historia surgirá cuando el tiempo de transición que nos permitimos haya terminado, y que lo reconoceremos.

 Se nos ha enseñado a no detenernos nunca, a que sigamos, a  que "hagamos algo".

Si estás como yo, en el espacio sagrado entre las historias, permítete estar allí.

 Suena  aterrador perder las seguras y viejas estructuras, pero incluso si perdemos cosas que nos era impensable perder, estará bien.

Hay un tipo de gracia que nos protege en el espacio entre historias, la llames como la llames.

 No es que no perderemos nuestro matrimonio, dinero,  trabajo. De hecho, es muy probable que perdamos alguna de estas cosas. Pero incluso habiendo perdido eso, todavía estaremos bien. Nos encontraremos en contacto  estrecho con algo mucho más precioso; algo que el moho no puede corroer y los ladrones no pueden robar.

 Algo que nadie puede arrebatarnos porque no se puede perder. Algo que siempre está ahí, esperándonos.

Este es el lugar de descanso al que volvemos cuando la vieja historia se desmorona. Libre de su niebla, ahora podemos recibir una visión verdadera de la próxima historia, la próxima fase de la vida. De la unión de esta visión y este vacío, nace un gran poder.

 Posibilidades que ni siquiera existían en la vieja historia se abren ante nosotros.

 No hacer nada surge naturalmente del colapso de la "vieja historia" y los "viejos actos".

También como civilización, en algún momento, vamos a tener que parar.

Solo paremos, sin ninguna idea de qué hacer.

Aún si estamos perdidos en un infierno con un mapa que nos lleva en círculos, sin una salida…reconozcamos que para salir, tendremos que soltar el mapa y observar los  alrededores.

La procrastinación, la pereza, el poco entusiasmo nos  indican que la vieja historia ya no nos está motivando. Lo que una vez tuvo sentido, ya no tiene sentido. Estamos comenzando a retirarnos de ese mundo. La sociedad hace todo lo posible para persuadirnos de que no nos retiremos a un  vacío transitorio. Pero…se requieren medios motivacionales y químicos cada vez más potentes para mantenernos enfocados en aquello en lo que no queremos centrarnos y motivados en hacer aquello que ya no nos importa. Los sistemas no quieren que nos retiremos a vacíos conscientes.

Por eso, no hacer nada…es un arte imperativo.

Y es perfecto para el momento en que termina una historia y entramos en el espacio entre las historias. Estoy hablando de “wu-wei”. Algunas veces traducido como "no-hacer", aunque también equivale a "no presionar" o "no forzar". Significa espacio, libertad de reflexionar: actuar cuando es el momento de actuar, no actuar cuando no es el momento de actuar.

Todas las cosas regresan a su raíz.

Volviendo a la raíz, hay quietud.

En la quietud, el verdadero propósito se manifiesta.

 Podemos elegir darnos el espacio sagrado de un vacío del que surjan, sin forzar nada, nuevas perspectivas, la posibilidad de desarraigarnos de viejas historias y regalarnos nuevos comienzos más conscientes, ligeros, amorosos…y cuanto queramos dejar fluir.

En eso estoy.

Solo hay que saltar fuera de las estructuras que nos creamos, de los programas que tomamos como adecuados, de los hábitos que repetimos…

Hay que saltar al vacío…para descubrir que no es la nada, que está preñado de posibilidades inimaginables, y nosotros aún si atrevernos  VIVIR.

Si puedes…para y salta♥

 

Las bendiciones fluyen!!!

Tahíta

Abriéndonos a una Vivencia más Amorosa


Vivimos en uno de los momentos más transformadores en la historia de nuestro planeta. Esencialmente, un tiempo de despertar de la consciencia.

Por supuesto, puede que algunas personas no sean ni  remotamente conscientes de esto, ya que cada uno experimenta la vida dependiendo de dónde pone su atención, y en este momento hay muchas distracciones tecnológicas, sociales y mediáticas, entre otras.

 Sin embargo, aquellos de nosotros que miramos en otra dirección estamos percibiendo una expansión en la Conciencia grandiosa. Aun  nos damos cuenta de cuánto han cambiado nuestros procesos y percepciones los últimos años.

En ésta época de despertar global, se hace cada vez más evidente que "todo lo que hacemos al otro, por o para otro, lo estamos haciendo por nosotros mismos" pues en el Campo de Conciencia que solemos llamar Dios…todos estamos relacionados y tejidos como hilos de una única urdiembre.

La energía de la Transformación se dispara y nos toca individual y globalmente y eso se nota en el descontento social, institucional, y más en lo personal, lo más íntimo, donde experimentamos desazón, confusión, cansancio de seguir cumpliendo con normas que  profundamente ya no nos convencen.

Estamos presenciando lo que llamo la Gran Transformación: un período de agitación social  y de poco innovadas políticas que indican la agonía y la disolución del Viejo Paradigma por un lado, y una mayor aceptación de nuestra interdependencia indicándonos una nueva forma de estar en armonía con toda Vida.

Esto, no es un brote revolucionario…sino EVOLUCIONARIO. La evolución es la revolución que necesitamos…una evolución con el amor compasivo y la paz como sustento.

Ante el caos y la desidia que parecen reinar, consideremos que no somos simplemente organismos reactivos que responden a meros estímulos. Tenemos el poder de la elección intencional y consciente. Podemos  elegir  dónde poner nuestra atención, podemos  elegir  qué alimentar con nuestra energía, podemos  elegir  qué apoyar con nuestro dinero, podemos  elegir  cómo responder a lo que percibimos, y podemos  elegir las palabras y hasta el tono de voz en nuestro hablar. Podemos  elegir  la actitud y la intención que traemos a nuestro mundo, y más específicamente, a nuestra comunidad.

  Compasión en el corazón, claridad y coherencia en la palabra, el pensamiento y la acción.

En realidad es bastante simple: la clave del poder del individuo está en nuestras relaciones, porque la base de una vida armoniosa en cualquier sociedad depende de nuestra interrelación y cómo elegimos tratarnos el uno al otro diariamente, no solo cuando estamos en un encuentro de meditación, un retiro o una fecha determinada en que se festeja el reencontrarnos y amarnos a pesar de nuestros roces egoicos.
No necesitamos esperar a que un desastre natural nos inspire a estar "todos juntos en esto" porque realmente TODOS estamos en esto - la Vida - juntos.

 No necesitamos esperar a que una catástrofe nos recuerde actuar con  amabilidad, cooperación, consideración, generosidad o compasión;  podemos elegir expresar esas cualidades en cada encuentro, todos los días, y no necesitamos que factores como raza, religión, nacionalidad, género o incluso afiliación política entren en juego o importen.

Comencemos sin tardanza, desde donde podamos y estemos. La forma más sencilla de decirlo es: seamos amables. Aprendamos a expandir una energía amorosa hacia todo lo que esté en nuestro campo energético, sea vegetal, animal, humano e incluso elementos materiales.

¿Cuántas veces nos encontramos con  personas que viven dando portazos, descargando su insatisfacción golpeando niños, animales y aún objetos, a los que se debería tratar con igual consideración porque sencillamente forman parte de la Vida… que los ha creado para que nos sirvan con energías solidarias y a las que podemos agradecer al menos con suavidad y estima?

 Podemos elegir ser amables y agradables cuando tratamos con el cajero o el mozo que nos sirve, podemos elegir ser considerados con los demás cuando conducimos por la calle, podemos elegir ser amables, solidarios o corteses en cada contacto humano. En un mundo que se ha acelerado exponencialmente, solo estar dispuesto a atender, tener en cuenta o escuchar al otro, ya es un acto de suma bondad.

Como dijo Mark Twain…”la bondad es el lenguaje que los sordos pueden oír y los ciegos ver”.
A nuestro alrededor hay gente en tareas que hemos realizado y otros haciendo lo que nunca quisiéramos hacer. Estas personas no son anónimas, son nuestros vecinos, nuestra madre, padre, hermanos, hijos o el ser querido de alguien, y nos están sirviendo en los roles que ocupan, sean los que sean.

 ¿Qué pasaría si expresáramos aprecio por su servicio e hiciéramos que su encuentro con nosotros fuera un momento de calidez y conexión?

¿Qué pasaría si la intención predeterminada en nuestra vida cotidiana fuera hacer que la gente se sienta bien consigo misma? 

  ¿Qué pasaría si lo que le decimos, escribimos o escuchamos provocara como respuesta un: "Esto cambió mi día"?
El cambio que queremos ver en nuestro mundo no es algo que se pueda legislar o imponer desde afuera; no es algo que podamos lograr a través de protestas, marchas y huelgas. Es algo que solo puede venir desde el interior de cada uno de nosotros eligiendo traer un poco más de bondad a nuestro trato a medida que vivimos nuestras vidas.

 La física cuántica nos dice cómo el observador afecta lo que observa: esa es la forma en que los individuos afectamos nuestra realidad colectiva.

 ¿Qué pasaría si comenzamos a observar a través de los ojos del amor? 

De la misma manera que la recompensa de la paciencia es la paciencia, la recompensa de un acto de  bondad es: vivir en un mundo más amable, más amoroso. 

En verdad: todo lo que encarnamos y expresamos crea el mundo en el que vivimos.

Los pequeños actos individuales tienen el poder de afectar la conciencia colectiva. Se demostró experimentalmente que una oración grupal, masiva, bajó los índices de criminalidad en toda una ciudad.

Cuando reconocemos que somos parte de un Todo y continuamente contribuimos con la calidad de nuestra energía a ese Todo, podemos elegir y expresar más amabilidad, elevando el índice vibratorio del colectivo y contribuyendo a una sociedad transformada.

Todo cambio comienza en cada decisión  personal.

Me convoco y les convoco al cambio…por una experiencia más amorosa y pacífica.

Tahíta

No digas eso ante una Pérdida


Habiendo hablado con personas que pasan por un momento doloroso, especialmente la pérdida de seres queridos. Les pregunté qué fue lo que más les ayudó y qué lo que menos ayudó en su proceso de pérdida. La abrumadora respuesta que generalmente recibí no me sorprende. 

La mayoría de la gente estuvo de acuerdo en que algunas cosas que las personas dicen en esas circunstancias ayudan, y otras lastiman. 

Algo no necesariamente incorrecto, dicho en el momento inadecuado, puede hacer encender en ira a alguien muy pacífico. Todos coincidieron en que preferirían que alguien dijera poco o nada en lugar de balbucear nerviosamente y decir cosas inadecuadas. Las palabras son poderosas Pueden unir o separar, sanar o herir, fortalecer o debilitar al escucharlas. 

Es todo un arte aprender a usar palabras compasivas que ayuden a sanar y no hieran. Especialmente en momentos de pérdida.

Consideremos algunas cosas que solemos decir que no ayudan:

"Es la voluntad de Dios". Si bien eso es cierto para aquellos que creen en un Poder Superior, oírlo decir no ayuda. Puede hacer que las personas se enojen aún más de lo que ya están con Dios a causa de su dolor. 

"No debes enojarte con Dios; eso está mal ", le dijo una persona a una amiga cuando murió su hijo y expresó su enojo con Dios. "No puedes sentirte de esa manera", le dijo. "Es incorrecto. Enfadarte con Dios te aleja de tu fuente de ayuda y apoyo”. Estas palabras no ayudaron. Ahora mi amiga sentía culpa adicional por sus sentimientos “inadecuados” además del tremendo dolor de haber perdido un hijo, que la acompañó mucho tiempo. Sentirse culpable por estar enojado con Dios es una emoción innecesaria. Dios, el Campo de Energía, la Vida, o como quieras llamarlo, es lo suficientemente grande como para manejar nuestra rabia. Sentirse enojado con la otra persona es parte de cualquier relación íntima normal. Sentirse lo suficientemente cerca de Dios como para permitirnos enojarnos con él es muestra de intimidad. Está perfectamente bien si así es como nos sentimos.

"Sé cómo te sientes". No: tú no lo sabes. Incluso si experimentaste una pérdida similar, ¿cómo sabe que la otra persona se siente exactamente como te sentiste? Cada uno de nosotros tiene nuestras propias respuestas emocionales únicas ante una pérdida. Si realmente supieras cómo se siente alguien, no necesitarías expresarlo, porque sabría que lo entendiste. No pidas nada al otro. Deja que las personas sean lo que son y sientan de la manera en que lo hacen. Date cuenta de que cómo se sienten puede ser diferente a cómo lo sentiste o sentirías.

"¿Todavía no has terminado con ese duelo?" Fue la primera Navidad después de la muerte del hijo de mi amiga. Ella  caminaba por un centro comercial cuando un viejo amigo se le acercó. "¿Cómo estás?", Le preguntó. "No muy  bien", respondió. Él pareció sorprendido. "¿Por qué no? ¿Qué ocurre? ", preguntó. "Mi hijo murió", le dijo. Él retrocedió como si tuviera lepra. "¿No lo has superado todavía?", Preguntó. Esas, según ella, fueron las palabras más hirientes que alguien le dijo. Tendemos a castigar y castigarnos poniéndole plazos al dolor, como si hubiera una regla acerca de cuánto tiempo debe tomarnos procesar y sobreponernos a una pérdida. No es así. Es compasivo tomarse el tiempo necesario. No siempre podemos movernos tan rápido como otros en el dolor.

La mayoría de las personas tarda unos ocho años en superar la peor parte de perder un hijo. A mi amiga le tomó cerca de diez y está bien. Cada uno de nosotros tiene un ritmo y tiempo personal, nuestro propio ritmo. Probablemente no nos moveremos a la misma velocidad que el resto del mundo. Es nuestro dolor, nuestra pérdida.

"Él (o ella) es más feliz o está mejor ahora". Cuando hemos visto a alguien sufrir una larga y prolongada enfermedad, considerar que ha dejado de sufrir puede ser una bendición. Pero dejemos que la persona llegue a esa conclusión por sí mismo. ¿Qué esposa quiere pensar que su marido es más feliz sin ella? ¿Qué padre quiere saber que su hijo está mejor sin su padre? Estas no son palabras de consuelo: son palabras que lastiman a la persona afligida.

"Avísame si hay algo que necesites". Estas palabras no duelen pero tampoco ayudan. Las personas afligidas a menudo no tienen idea de lo que necesitan. Lo que quieren es que la pérdida no haya ocurrido. Pensemos en algo útil que podamos hacer, y luego hagámoslo. Hacer las compras puede serle una tarea difícil por un tiempo, aunque más tarde se convierta en una tarea reconfortante. Las películas pueden ayudar a algunas personas en duelo; les gusta ver una historia. Les ayuda a sanar. Si ese es el caso, llevémosle a la persona algunos DVD o veamos películas con ellos. La compañía puede ser reconfortante, pero consideremos que hay personas, como yo misma, que prefieren procesar el dolor en soledad.

 A otras personas les gusta leer. Podemos facilitarles lo que les gustaría leer. Podemos cocinar para quienes están sumidos en su dolor e incluso  ponerles alimentos en el freezer para que tenga cuando su ánimo no le permita cocinarse. No esperemos una invitación para comer. Es posible que la persona quiera comer sola o que no tenga apetito. Algunas veces, hacer tareas como cortar el césped, lavar el automóvil o hacer otros trámites pueden ser útiles. Pero antes de involucrarnos demasiado y asumir  demasiado, preguntémosle si hacer alguna tarea particular es algo que le gustaría. Respetemos los límites y privacidad de las personas.

"Necesitas dar un regalo a todos los que estuvieron a tu lado la semana de la muerte de tu hijo”. Sí, alguien realmente le dijo eso a mi amiga. Las personas en duelo, especialmente ante pérdidas profundas, son extremadamente vulnerables. Necesitan protección, no tener que ocuparse de los que debieran ayudarlas. Mi amiga me expresó que esperaba que la vida la  protegiera después de su pérdida, pero sucedió todo lo contrario, algunos esperaban que ella en sus condiciones aún les ofreciera comida  o atenciones. Realmente, muchos no aprenden aún a “caminar en los zapatos del otro”.Aún así, recordemos que son los zapatos del otro.

Pasemos a las cosas que podemos decir que sí ayudan, aunque no hay una forma precisa de poder consolar y ayudar a alguien en duelo.

Podemos considerar decir:

"No tengo palabras" o "Todo lo que pueda decir es que te amo y siento tu pérdida". Recordemos que nuestra misión es consolar, no consolarnos. Cuando tengamos dudas sobre qué decir, digamos la verdad y seamos breves.

"Es terrible que tengas que pasar por esto, pero sé que eres fuerte y lo superarás". No tratemos de buscar el lado positivo. A veces la vida apesta. Admitámoslo. Digamos la verdad. Expresemos las cosas tal cual son o se sienten. Es sincero para el que sufre y para nosotros, honesto y simple. Sin adornos.

"Llámame a cualquier hora del día o de la noche. Nunca es demasiado temprano o demasiado tarde si necesitas y quieres hablar” .No presionemos a nuestros seres queridos para que hablen, pero tampoco dejemos de escucharlos cuando lo necesiten. Puede ser que quiera contar la historia de su pérdida una y otra vez. La gente necesita hacer esto para integrar lo impensable en sus vidas. Pero…no los llamemos en el medio de la noche a menos que la persona específicamente nos pida que lo hagamos. Puede ser molesto, inquietante, y no ayuda. 

 Preguntémosle a la persona si se siente cómoda hablando de la pérdida. Algunos quieren hablar; otros no. Si a la persona no le importa hablar, compartamos su recuerdo favorito sobre el amado que murió. Ayuda a mantener a la persona viva de una manera amorosa. Un gran temor cuando perdemos a alguien es que nos olvidaremos de la persona o que nos olvidará. Compartir recuerdos especiales puede hacer que se sienta bien aunque llore. Asegurémonos de que sea un recuerdo positivo, divertido o amoroso que se refiera a las buenas cualidades de la persona. Los recuerdos que compartamos serán profundamente apreciados.

Estar cerca de alguien con un dolor intenso, o incluso moderado es incómodo. No es nuestro trabajo solucionarle la vida a nadie o quitarle el dolor. No tenemos tanto poder. Intentar componer a alguien también implica considerar que no está bien que tenga esos sentimientos. Lo que se siente, es lo adecuado. Permitirle a cada quien ser como es, como siente ser. Si no estamos seguros de qué decir, cuanto menos digamos, mejor. Dejemos que maneje su dolor a su modo. Usemos nuestros dones y habilidades para descubrir lo que el otro realmente necesita. Permitámonos percibirlo y apoyar al otro haciéndole saber que lo que siente y el tiempo que le lleve el duelo, están perfectamente bien.

Recordemos, no asumir que el otro quiera hablar de su pérdida. Respetémoslo en su silencio también.

El  solo hecho de asegurarle a quien ha sufrido la pérdida que creemos en su poder para sobrellevar lo que están experimentando puede ser muy sanador.

Seguramente si cuidamos nuestras palabras, no solo esa persona sino también nosotros nos facilitaremos el camino hacia la paz.

Tahíta

 

 

lunes, 25 de diciembre de 2017

El Solsticio de tu vida-


Hoy me levanté por la mañana observando las enormes nubes  oscuras y aceradas que  antecedieron a una lluvia primero fortísima, con vientos huracanados y ahora más suave y reparadora de la gran sequía…y no tuve ganas de hablar del significado espiritual de Solsticio…en verdad, ya no siento tener que llenarme y llenar a otros de información innecesaria.

 Porque según la creencia de uno u otro te dirán que el solsticio de invierno es un sumergirse en la oscuridad o un período de introspección para sembrar lo que debe después brotar y que el solsticio de verano es  el poder del sol y el fuego o un momento de quemar las naves, cerrar ciclos, actuar, salir del letargo.

Unos te dirán que celebres el solsticio de verano encendiendo fogatas (a mí me la apagaría la lluvia) y otros que rindas culto al Cristo interior que en el solsticio de Diciembre se supone que renace en la figura de Jesús.

Soy un poco hereje al respecto. Nunca hago lo que no siento…especialmente rituales, pero sí celebro la libertad que tiene cada ser se interpretar, sentir, celebrar o no lo que se le ocurra, sean solsticios, fechas, cumpleaños, y hasta divorcios.

Realmente me he divorciado de la creencia en tener o no tener creencias, por lo que puedo respetar y aceptar cualquier celebración o no celebración.
Cuando especialmente de noche, quiero regalarme  la sutilidad del fuego ondulante dela llama de una vela, la enciendo y la disfruto, aunque no sea una fecha especial y no haga un pedido especial. Pero también la enciendo, si lo siento, para invocar quemar influencias transgeneracionales o para honrarme u honrar…si lo siento.

No hay fechas impuestas.

Lo mismo sería si amara las fogatas, como muchos pueden hacerlo .No necesito fechas…lo que no quiere decir que si alguien me invitara a una apertura de energías de solsticio no fuera…porque soy libre. No soy católica, pero he ido a iglesias a escuchar  a amigos que cantan villancicos en un coro….por disfrute y podría ir a un templo budista o de cualquier religión, con respeto y amor.

Hoy para mí es un día de comienzo de verano, o solsticio, como quieran llamarle. Es plácido. Miro la lluvia por la ventana y la danza acompasada de las ramas en el fuerte viento.

Tomo un té y disfruto de la compañía de mis animales amados. Si no lloviera estaría caminando seguramente…pero el momento llama a este recogimiento, que según lo preestablecido sería apto para un solsticio de invierno. Pero no…aquí es solsticio de verano y llueve…así que no hay normas fijas.

Nadie puede decirnos como vivir cada día…ni puede marcar un día en especial. Solo nosotros.

Para mí ya es irrelevante decirles que en el solsticio deben soltar lo viejo, abrirse a los cambios, dejar ir, vivir el presente, bla, bla, bla…porque en todo caso eso va para todos los días conscientes que restan…y si no tienes las ganas, la voluntad o la posibilidad de hacerlo…ESTÁ BIEN.

Tal vez es hora solo de que ESTÉS BIEN contigo mismo y con lo que ES…COMO PUEDAS.
La Vida es un Camino sin Caminos preestablecidos…eso es hermoso…dejar que a cada instante el camino se abra.

Con esa posibilidad…solo disfrutamos de toda época del año como única.

¡Y las bendiciones fluyen!!!

FELÍZ SOLSTICIO COMO LO VIVAS!!!

Tahíta